28/01/2026 - Edición Nº1086

Internacionales

Historia viva

Falleció la princesa que vio caer la monarquía absoluta en Tailandia

08/01/2026 | Nieta del rey que modernizó Siam, Induratana Paribatra atravesó exilio, regreso y silencio durante más de un siglo de cambios políticos.



La princesa Induratana Paribatra falleció el 5 de enero de 2026 en Bangkok a los 103 años. Con su muerte se cerró una de las últimas conexiones vivas con la Tailandia anterior a 1932, cuando el país todavía era una monarquía absoluta y la figura del rey concentraba el poder político, simbólico y religioso.

Nacida el 2 de febrero de 1922, Induratana llegó al mundo en una etapa de transición silenciosa. Formaba parte de la dinastía Chakri y era nieta del rey Chulalongkorn, un monarca central en la historia del Sudeste Asiático. Durante su reinado, Siam, nombre con el que entonces se conocía a la actual Tailandia, impulsó reformas administrativas, abolió gradualmente la esclavitud, modernizó el sistema legal y logró algo excepcional en la región: conservar su soberanía frente al avance colonial europeo. Ese proceso sentó las bases del Estado tailandés moderno.


Rey Chulalongkorn, también conocido como Rama V, impulsor de reformas que modernizaron Siam y preservaron su independencia frente a las potencias coloniales.

Su padre, el príncipe Paribatra Sukhumbandhu, fue una de las figuras más influyentes de la corte a comienzos del siglo XX. Ocupó cargos de peso en el Ejército y en la administración del reino, y durante años fue considerado uno de los pilares del poder monárquico. Esa posición quedó abruptamente interrumpida en 1932, cuando un movimiento encabezado por militares y civiles forzó la adopción de una Constitución y puso fin a la monarquía absoluta sin un enfrentamiento armado.

El cambio político tuvo consecuencias inmediatas para la familia real. Paribatra fue apartado del poder y enviado al exilio, y su hija Induratana, que apenas tenía diez años, abandonó Siam junto a él. La familia se estableció en Bandung, en Indonesia, entonces bajo dominio neerlandés. Allí la princesa pasó buena parte de su infancia y adolescencia, lejos del palacio y de los rituales que habían marcado sus primeros años de vida.

Ese exilio marcó profundamente su trayectoria. Mientras Tailandia atravesaba un proceso de redefinición institucional, con tensiones entre sectores civiles y militares, Induratana crecía en un entorno ajeno al poder, con una educación marcada por la adaptación y la discreción. A diferencia de generaciones anteriores de la realeza, su formación estuvo atravesada por la experiencia de la pérdida del estatus político.

Tras la muerte de su padre, la princesa regresó a Tailandia. El país ya no era el mismo. La monarquía había quedado limitada a un rol constitucional y simbólico, y la vida política estaba dominada por gobiernos inestables, golpes de Estado y una creciente influencia militar. En ese contexto, Induratana tomó una decisión que mantendría durante el resto de su vida: mantenerse al margen de la escena pública.


El Gran Palacio de Bangkok, escenario de las ceremonias dinásticas en las que la princesa Induratana participó tras su regreso a Tailandia.

No ocupó cargos oficiales ni participó activamente en debates políticos. Sus apariciones se restringieron a ceremonias conmemorativas de la dinastía Chakri, actos en el Gran Palacio de Bangkok y eventos vinculados a la Fundación Paribatra, creada para preservar el legado cultural e histórico de su familia. Su figura estuvo siempre asociada al recuerdo y la continuidad, nunca a la disputa de poder.

Con el paso de las décadas, se convirtió en una testigo silenciosa de la historia contemporánea tailandesa. Vivió el reinado de varios monarcas, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría en Asia, el rápido crecimiento económico del país, las crisis políticas recurrentes y la transformación de Bangkok en una megaciudad. Todo ello sin abandonar su perfil reservado.

A lo largo de más de un siglo, Induratana Paribatra encarnó una forma de realeza cada vez más excepcional: la de quienes habían nacido antes del fin de la monarquía absoluta y eligieron atravesar el nuevo orden sin protagonismo. Su longevidad la convirtió en un puente humano entre la Siam del siglo XIX y la Tailandia del siglo XXI.

Su fallecimiento no solo marca la muerte de una princesa, sino también el cierre simbólico de una generación histórica. Una vida atravesada por el exilio, la transformación del poder y el silencio público que hoy queda como testimonio de un país que cambió para siempre.