En uno de los gestos más significativos de su incipiente pontificado, el papa León XIV convocó a los cardenales de todo el mundo a un consistorio extraordinario en el Vaticano y les pidió avanzar hacia una Iglesia Católica más inclusiva, cohesionada y comprensible para la sociedad contemporánea.
Durante el encuentro, celebrado a puertas cerradas, el pontífice instó a la jerarquía eclesiástica a superar divisiones internas que, según advirtió, debilitan la credibilidad del mensaje cristiano en un mundo atravesado por profundas transformaciones culturales, sociales y políticas. En ese marco, subrayó que el eje de la misión de la Iglesia debe volver a centrarse en un principio fundamental: el amor como valor universal y punto de encuentro.
La reunión tuvo lugar pocas semanas después del cierre del Año Santo, una celebración que atrajo a millones de peregrinos a Roma y que dejó al descubierto tanto el alcance global del catolicismo como las tensiones que conviven dentro de la institución. Para León XIV, ese contexto obliga a repensar cómo la Iglesia se presenta ante quienes se sienten lejanos, excluidos o indiferentes frente a la fe.
El Papa dejó en claro que su llamado a la apertura no implica abandonar la doctrina, sino reforzarla a través de una actitud pastoral más cercana y comprensible. En ese sentido, alentó a los cardenales a evitar enfrentamientos públicos y debates estériles que, lejos de fortalecer a la Iglesia, proyectan una imagen fragmentada ante los fieles y ante el mundo.

Este enfoque dialoga con un largo proceso de transformación iniciado tras el Concilio Vaticano Segundo, que impulsó una Iglesia más atenta a los cambios sociales y al diálogo con distintas culturas. Sin embargo, también reaviva resistencias internas, especialmente entre sectores que defienden una visión más rígida de la tradición y el rol eclesial.
León XIV asume el liderazgo de la Iglesia Católica en un momento complejo: mientras en algunas regiones crece el número de fieles, en otras se profundiza la secularización y la pérdida de influencia religiosa. Frente a ese escenario, el Papa considera que la unidad interna y un mensaje claro resultan esenciales para sostener la relevancia de la institución.
Con este primer gran gesto político y pastoral, el nuevo pontífice marca una hoja de ruta que apunta a reconstruir consensos, reforzar la misión evangelizadora y proyectar una Iglesia capaz de dialogar con el mundo actual sin renunciar a sus fundamentos históricos.