La liberación de presos políticos en Venezuela no puede leerse como un gesto autónomo del poder local. El punto de quiebre se produjo hace menos de una semana, cuando Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro, desarticulando de facto el vértice del régimen chavista. Ese hecho, más que cualquier discurso interno, redefinió los márgenes de decisión del Estado venezolano.
La detención de Maduro precipitó una reconfiguración política acelerada. En cuestión de días, Delcy Rodríguez asumió al frente de un gobierno de transición, presentado formalmente como una solución de continuidad institucional, pero condicionado desde su origen por la presión directa de Washington. La nueva conducción heredó un sistema intacto de control político, incluidas las cárceles socialistas.
Durante años, las cárceles socialistas funcionaron como uno de los pilares centrales del poder chavista. Más que centros de detención, operaron como herramientas de disciplinamiento político, destinadas a neutralizar dirigentes opositores, militares disidentes y activistas sociales. La prisión arbitraria fue utilizada como mensaje interno de advertencia y control.
La llegada del gobierno de transición no alteró esa arquitectura. Lo que cambió fue el marco de órdenes. La liberación de presos políticos se produjo solo después de una instrucción explícita de Estados Unidos, que condicionó cualquier margen de reconocimiento o alivio de sanciones a gestos concretos en materia de derechos humanos.
A los familiares de los rehenes liberados: pic.twitter.com/IFmQHNjhzN
— María Corina Machado (@MariaCorinaYA) January 8, 2026
El anuncio oficial intentó presentar la apertura de las cárceles socialistas como un acto soberano y voluntario. Sin embargo, la secuencia temporal es clara: primero la captura de Maduro, luego la instalación del gobierno de Delcy Rodríguez y, recién después, la liberación de detenidos. El movimiento respondió a un mandato externo, no a una revisión interna del modelo represivo.
La selección de los liberados refuerza esa lectura. La prioridad otorgada a ciudadanos extranjeros y a casos de alto impacto internacional muestra que la medida apuntó a enviar señales hacia fuera, más que a desmontar el sistema de persecución política. Cientos de presos continúan detenidos bajo las mismas condiciones.
MAGNÍFICA NOTICIA.
— Cayetana Álvarez de Toledo (@cayetanaAT) January 8, 2026
Pero la Justicia NO admite discriminaciones.
Exigimos la liberación inmediata de TODOS los presos políticos. #LibertadParaTodos
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Jorge Rodríguez anuncia la liberación de un «número importante» de presos venezolanos y extranjeros.pic.twitter.com/q0YuRZk2b5
Lejos de marcar una ruptura, la apertura parcial confirma la lógica de las cárceles socialistas. La libertad sigue siendo administrada como una concesión política, reversible y selectiva. El aparato judicial, los servicios de inteligencia y los mecanismos de represión permanecen operativos, a la espera de nuevas directivas.
La transición venezolana queda así definida por un dato central: el poder interno se reacomoda, pero las decisiones clave se toman fuera del país. La liberación de presos políticos no inaugura una etapa de derechos, sino que expone el límite real del nuevo gobierno. Las cárceles socialistas se abrieron, pero no por convicción, sino por orden.
🇻🇪‼️ | URGENTE — Estan liberando a los presos políticos en Venezuela.
— Agustín Antonetti (@agusantonetti) January 9, 2026
Acaban de salir en libertad Enrique Márquez y Biagio Pilieri. Emocionante. pic.twitter.com/qowu3IK49k