Los incendios forestales registrados en los últimos días, especialmente en La Pampa y en localidades de la provincia de Buenos Aires, volvieron a generar preocupación entre los productores por una problemática que se repite todos los años en la región.
El verano recién comienza y, con altas temperaturas y condiciones ambientales adversas, no se descarta que puedan registrarse nuevos focos en las próximas semanas, en zonas donde la acumulación de material combustible y la falta de lluvias vuelven recurrente la propagación del fuego.
La problemática actual en el sur del país y el reciente mapa publicado por el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) que declaran en “riesgo extremo de incendios” a 16 provincias argentinas – gran parte de La Pampa y la provincia de Buenos Aires bajo peligro extremo o muy alto- muestran un escenario acuciante.

En ese contexto, los incendios recientes sucedidos en la región pampeana volvieron a poner en discusión el déficit de planificación efectiva para prevenir y mitigar los efectos de incendios que, en parte, resultan inevitables, pero que requieren un trabajo previo que vaya más allá de la respuesta de emergencia.
Marcelo Rodríguez, vicepresidente de CARBAP y dirigente de la Asociación Agrícola Ganadera de La Pampa, explicó a NewsDigitales que en los últimos días se registraron dos focos principales en territorio pampeano: uno en el sur, en el límite con la provincia de Buenos Aires, en la zona de Jacinto Arauz y San Martín, y otro en el oeste provincial, en cercanías de Santa Isabel.
El relevamiento preliminar estimó que la superficie afectada se ubicó entre las 100 mil y 120 mil hectáreas. Si bien el descenso de las temperaturas permitió estabilizar un poco la situación, Rodríguez remarcó que los incendios dejaron en evidencia no solo la necesidad de asistir en lo inmediato a los productores afectados sino avanzar en una planificación preventiva que evite ir siempre detrás de los problemas.
El impacto fue mayor en áreas donde la actividad ganadera depende casi exclusivamente del monte nativo de cardales. Los incendios coincidieron con un momento sensible de la producción y con establecimientos que vieron afectados sus campos e infraestructura básica.
“A un productor de 6 mil hectáreas se le quemaron unas 5 mil”, señaló, al describir uno de los casos graves relevados en la zona sur de la provincia. Además de la pérdida de superficie productiva, se registraron daños en alambrados y otras estructuras necesarias para el funcionamiento diario de los campos.
Rodríguez explicó que las zonas afectadas presentan características productivas y ambientales que hacen habitual la aparición de incendios durante el verano. Se trata de áreas semiáridas, con fuerte presencia del monte de caldén y una producción ganadera que depende en gran medida de ese ecosistema.
“Después de un otoño llovedor y una primavera con lluvias, los campos de monte estaban muy empastados”, explicó. Esa acumulación de material vegetal, sumada a la falta de precipitaciones en noviembre y diciembre, generó un escenario propicio para la propagación del fuego.
Según detalló, ese material seco se convirtió en un factor de riesgo ante la llegada de tormentas eléctricas sin lluvias significativas. “Ese material es totalmente inflamable, un polvorín”, afirmó.
Incendios forestales en La PampaLas condiciones climáticas extremas terminaron de agravar la situación. Durante los días más críticos se registraron temperaturas superiores a los 40 grados y vientos del sector norte, lo que dificultó las tareas de control.
“Estamos en una zona semiárida, con muchas hectáreas de bosque de caldén, y todos los años hay incendios”, resumió el dirigente rural.
El fuego afectó de manera directa a establecimientos ganaderos, tanto por la pérdida de superficie productiva como por los daños en infraestructura. Marcelo Rodríguez señaló que el sur de la provincia fue la zona más comprometida y donde mantuvieron contacto diario con los productores.
En ese contexto, explicó que los incendios coincidieron con la época de parición, lo que generó situaciones puntuales de pérdidas indirectas. “Es una época en la que la vaca está pariendo”, indicó.
“En algunos casos no se registraron pérdidas de vientres, pero sí se notaron faltantes de terneros”, agregó. Según explicó, ante el avance del fuego, las vacas lograron escapar, pero los terneros más chicos quedaron expuestos. “La vaca dispara, pero el ternero de tres o cuatro meses queda encerrado en el fuego”, relató.
Además del impacto sobre la producción, los incendios provocaron daños importantes en infraestructura rural. El vicepresidente de CARBAP mencionó el caso de un productor que perdió entre 10 mil y 12 mil metros de alambrado, un elemento clave para el manejo diario del campo.
“Es un costo preocupante”, señaló, al remarcar la dificultad que implica recomponer esas estructuras sin algún tipo de asistencia.
Ante la magnitud de los daños, Rodríguez sostuvo que el primer paso debía ser la ayuda a los productores: “Ahora en lo inmediato hay que asistir a los productores”, afirmó.
En ese marco, indicó que autoridades del Ministerio de la Producción provincial de La Pampa recorrieron las zonas afectadas junto a funcionarios de Ganadería y Recursos Naturales, y que se encontraban avanzadas gestiones para instrumentar líneas de crédito específicas.
Según detalló, el Banco Nación también anunció una línea de financiamiento orientada a que los productores pudieran recomponer alambrados, corrales y otras estructuras básicas.
Al mismo tiempo, describió las dificultades que se presentan durante el combate del fuego en condiciones extremas y las falencias operativas: “Los primeros que llegan son los bomberos de distintas jurisdicciones y Defensa Civil, pero cuando el fuego se descontrola, con altas temperaturas y viento, es imposible detenerlo”, explicó.

Rodríguez también mencionó la intervención aérea, aunque con resultados limitados. “Llegó un avión hidrante, pero cuando llegó prácticamente ya se había apagado el fuego”, señaló, al describir los tiempos y restricciones de la respuesta.
Más allá de la emergencia, Marcelo Rodríguez puso el foco en la necesidad de avanzar, de una vez por todas, en una estrategia preventiva que se defina antes del inicio del verano. “Ahora se debe asistir al productor pero esto es un trabajo que hay que programar en épocas de invierno”, sostuvo.
Según explicó, la prevención requiere una coordinación sostenida entre distintos niveles del Estado y el sector privado. “Necesitamos que tanto Vialidad Provincial como Defensa Civil, y también con aportes de la parte de incendios de Nación”, planteó.
Entre las tareas a desarrollar, mencionó el relevamiento de las zonas más peligrosas, el mantenimiento de picadas internas y externas – zanjas como cortafuegos - en los campos por parte de los productores y el control del estado de banquinas en rutas nacionales, provinciales y caminos vecinales
En ese sentido, señaló que el estado de las banquinas representa un factor de riesgo adicional por la acumulación de material combustible, especialmente en corredores con alto tránsito vehicular.
El representante de CARBAP también reconoció que se trata de una responsabilidad compartida. “No somos necios, sabemos que hay productores prolijos que lo tienen hecho y otros que por distintas circunstancias no realizan las picadas”, afirmó.
“No te digo que no va a haber incendios, pero tenemos que anticiparnos y estar mejor preparados para dar una respuesta más inmediata”, concluyó.