La Unión Europea aprobó este viernes el acuerdo comercial con el Mercosur, un entendimiento negociado durante más de 25 años que allana el camino para la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo.
La decisión fue adoptada en una reunión de embajadores en Bruselas, donde los 27 Estados miembros alcanzaron una mayoría cualificada, pese a la oposición de algunos países.
El acuerdo apunta a liberalizar más del 90% del comercio bilateral entre ambos bloques, que en conjunto reúnen a más de 700 millones de consumidores.
El respaldo se logró a pesar de la oposición anunciada por Francia, Polonia e Irlanda, países que expresaron fuertes reparos, especialmente vinculados al impacto del acuerdo sobre el sector agropecuario europeo.
Con el aval político obtenido, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quedó habilitada para viajar a Paraguay y rubricar formalmente el acuerdo con los países del Mercosur el próximo lunes.
Italia, que en diciembre se había sumado a la postura francesa y había contribuido a bloquear el consenso, modificó su posición en los últimos días y destacó esta semana los “enormes beneficios” derivados del acuerdo, lo que resultó clave para destrabar la votación.
Aunque la firma se concrete en Asunción, el acuerdo no entrará en vigor de manera inmediata. Del lado europeo, aún se requiere el visto bueno del Parlamento Europeo, que deberá pronunciarse en las próximas semanas.
El resultado de esa instancia es incierto: alrededor de 150 eurodiputados, de un total de 720, adelantaron que podrían recurrir a la Justicia para intentar impedir la aplicación del acuerdo, lo que abre un escenario de debate político y jurídico en la Unión Europea.
El sector agropecuario europeo ha sido uno de los principales focos de resistencia al pacto. Agricultores y ganaderos temen el impacto de una mayor llegada de productos sudamericanos como carne, arroz, miel o soja, en un contexto de competencia con normas de producción consideradas menos estrictas que las europeas.
Los detractores del acuerdo, encabezados por Francia, advierten que el mercado europeo podría verse seriamente alterado por la entrada de productos más competitivos en precio. En contraste, los defensores del pacto, entre ellos España y Alemania, sostienen que el acuerdo permitirá diversificar las oportunidades comerciales de la UE frente a la competencia china y la política arancelaria de Estados Unidos.

Para atenuar la oposición interna, la Comisión Europea incorporó en los últimos meses una serie de cláusulas y concesiones destinadas a proteger al sector agropecuario. “Las prioridades agrícolas han estado en el núcleo” de las negociaciones, afirmó Olof Gill, portavoz de la Comisión, al destacar la intensidad de las conversaciones.
Entre las medidas acordadas figuran límites a los cupos de productos latinoamericanos exentos de aranceles -como carne, aves, arroz, miel, huevos y etanol- y mecanismos de intervención en caso de desestabilización del mercado europeo.
Además, la Comisión anunció que abrirá investigaciones si el precio de un producto importado desde el Mercosur resulta al menos un 8% inferior al de la misma mercancía en la UE y si, al mismo tiempo, el volumen de importaciones aumenta más de un 8%
Otro punto sensible fue el uso de pesticidas. El Ejecutivo europeo se comprometió a legislar sobre los residuos de pesticidas en las importaciones, una demanda histórica de los agricultores europeos, que denuncian una situación de “competencia desleal”
En ese marco, la Comisión anunció la prohibición total de tres sustancias —tiofanato-metilo, carbendazima y benomilo— utilizadas principalmente en cítricos, mangos y papayas. Francia, donde los agricultores mantienen movilizaciones con tractores en los accesos a París, decretó además el cese temporal de la importación de ciertos productos agrícolas tratados con sustancias prohibidas en la UE, en su mayoría procedentes de Sudamérica.