El pasado 13 de diciembre, la vida de Pablo Balestreri, de 50 años, cambió de forma drástica en un segundo. Mientras se encontraba desayunando en el local Candela Mate y Café ubicado sobre la calle Ciudad de la Paz al 300 (ver mapa), en el barrio de Colegiales, un panel de vidrio de un balcón ubicado en un cuarto piso se desprendió y cayó directamente sobre él.
Las imágenes del incidente, que se viralizaron recientemente, muestran la violencia del impacto que, según los propios médicos y el protagonista, pudo haber tenido un desenlace fatal.

Tras el accidente, el hombre fue asistido por el SAME y trasladado de urgencia al Hospital Pirovano. Allí se constató que, pese a la espectacularidad de la caída, no presentaba riesgo de vida inmediato, aunque las heridas eran de gravedad. Pablo sufrió un traumatismo cortante profundo tanto en su cabeza como en el antebrazo izquierdo. "Podía haber perdido el brazo o la muerte directamente. Ahora estoy vivo para contarlo, pero si no, esto era el Cementerio de la Chacarita", reflexionó conmovido Pablo, al cumplirse casi un mes del siniestro.
A pesar de haber recibido el alta hospitalaria inicial, el camino de regreso a su rutina está lejos de ser sencillo. Balestreri detalló que debieron darle 30 puntos de sutura en la cabeza y que el impacto del vidrio le cortó un tendón del brazo, lesión que derivó en una intervención quirúrgica compleja. "Le doy gracias a Dios que estoy vivo, pero tengo complicaciones: me duele mucho la cabeza, el brazo y ahora tengo que empezar una rehabilitación larga", explicó sobre su estado actual.
El impacto emocional también es profundo. El hombre define lo ocurrido como un "milagro" y admite que la recuperación física afecta directamente su autonomía. Las tareas más simples se han vuelto desafíos cotidianos que requieren la asistencia constante de su entorno cercano, lo que añade una carga de frustración al proceso de sanación tras el traumático episodio vivido en plena vía pública.

Actualmente, Pablo se encuentra con licencia médica en su trabajo administrativo, ya que la lesión en su extremidad le impide desempeñarse con normalidad. La adaptación a esta nueva realidad temporal ha sido forzosa y difícil de procesar. "No es nada fácil. Tengo que arreglármela con un solo brazo y hasta para cortar la comida me tiene que ayudar mi familia", relató, evidenciando las limitaciones que enfrenta mientras espera recuperar la movilidad total.
El caso ha generado preocupación entre los vecinos de la zona por el mantenimiento de los edificios y la seguridad de los transeúntes. Mientras tanto, PabloBalestreri se concentra en su rehabilitación, aferrado a la idea de que, a pesar de las cicatrices y el dolor, tuvo una segunda oportunidad que hoy elige valorar por encima de cualquier otra circunstancia.