Mauricio Macri compartió en sus redes sociales una extensa carta escrita por un ciudadano venezolano que expresa, en tono crudo y directo, el respaldo de un sector de la sociedad de ese país a la ofensiva encabezada por los Estados Unidos contra el régimen chavista.
El texto plantea una defensa explícita de la intervención como última alternativa frente a lo que describe como décadas de represión, fraude electoral, persecución política y colapso social en Venezuela.
La publicación del expresidente se inscribe en la línea histórica que sostuvo el PRO durante los últimos años, con una postura abiertamente crítica del gobierno de Nicolás Maduro y favorable a una mayor presión internacional.
"PARA LOS VENEZOLANOS ESTO NO VA DE GEOPOLITICA, DE SALÓN NI DE DEBATES TEÓRICOS: VA DE SOBREVIVIR"
— Mauricio Macri (@mauriciomacri) January 9, 2026
"Nos ha llegado, nos ha sido enviado el día de hoy, un texto, un mensaje de un ciudadano venezolano en el exilio que hasta este momento permanece en el anonimato (...) y que yo… pic.twitter.com/V3kRBEzDuh
A ver, queridos 'preocupados' de última hora: sabemos que ven una noticia sobre Estados Unidos, escuchan la palabra 'intervención' y automáticamente activan el modo 'imperialismo', 'colonialismo', desde la comodidad de su sofá en un país democrático y con supermercados llenos. Pero antes de dictar cátedra en Twitter, respiren, siéntense, escuchen.
Para nosotros, venezolanos, esto no va de geopolítica de salón ni de debates teóricos; va de sobrevivir. Por primera vez en 27 años sentimos que alguien hizo algo. No que lo debatió, no que lo condenó, no que lo evaluó... lo hizo. No estamos celebrando la guerra; estamos celebrando la posibilidad, remota pero real, de que termine la pesadilla.
Aquí les dejamos una explicación con peras, manzanas y un poquito de memoria histórica:
1. La falacia del experto de sofá: o el eterno 'tú que hubieras hecho'. Siempre aparece alguien diciendo que 'la violencia no es la vía', que las cosas se deben resolver por la 'vía democrática'. Suena bonito, civilizado, académico... pero permíteme preguntarte algo sinceramente y sin sarcasmo: ¿Cómo lo hubieras hecho tú? No me digas lo que no harías, dime la alternativa realista.
¿Elecciones? Las hubo, varias, y se las robaron todas.
¿Diálogo? Fueron años de diálogos, mediaciones, mesas, foros, encuentros. Mientras dialogábamos, ellos encarcelaban, torturaban y compraban más fusiles.
¿Presión internacional? Hubo sanciones, denuncias, informes de la ONU. Resultado: cero.
La verdad incómoda es esta: si fuera por muchos de ustedes, desde su distancia moralmente cómoda, no se hubiera hecho nada. Y mientras tanto, se nos fue la juventud, se nos fue el país, se nos fue la vida.
Y no, tu título universitario no te pone por encima del dolor de un pueblo; tu doctorado no resucita a los ejecutados; tu 'neutralidad' no alimenta a un niño hambriento.
'Vienen a robarse el petróleo', dicen por otro lado. Spoiler: ya se lo estaban robando. Rusos, chinos, iraníes, cubanos... y no vinieron para hacer turismo cultural. La diferencia es que antes lo saqueaban, destruían PDVSA, exprimían al país y, aun así, el venezolano seguía pobre, hambriento y reprimido. ¿Que ahora también hay intereses económicos? Claro que los hay. El mundo funciona así desde que existe la humanidad.
Y aun así, muchos venezolanos pensamos: si la condición para recuperar la libertad es que se queden con parte del petróleo, pues que se lo queden. ¿De qué sirve que el petróleo sea 'nuestro' si el pueblo muere de hambre? La riqueza nacional no es riqueza si solo enriquece a un tirano.
¿Dónde estaba toda esa preocupación antes? Durante años se desplomó la producción petrolera, cerraron empresas, colapsó el sistema de salud... y del mundo 'progresista sensible' hubo cero. Silencio.
Más de 8 millones de venezolanos huyendo por selvas, caminos, fronteras. Madres pariendo en carreteras. Presos políticos, torturas, desapariciones. Estudiantes asesinados, periodistas encarcelados. Y hubo silencio. Pero ahora sí aparecen 'defensores de la soberanía'.
Porque cuando gritamos solos, nadie escuchó. Y ahora que el pueblo venezolano respira esperanza, resulta que ahora sí opinan. Lean estos números: 36.800 víctimas de tortura, 10.000 ejecuciones extrajudiciales, 18.305 presos políticos, 90% de un país sumido en la pobreza.
Esto no es un debate ideológico, es una tragedia humana. Entre 'soberanía con tortura' e 'intervención con esperanza', preferimos la segunda mil veces. Porque la verdadera pérdida de soberanía no es que intervenga otro país; es que tu propio gobierno te trate como enemigo.
No queremos el petróleo; queremos cosas sencillas, cosas humanas: volver a hablar sin miedo, volver a trabajar sin huir, volver a votar sin fraude... queremos abrazar a mamá, volver a casa y ver crecer a nuestros hijos en su país. Eso es lo que duele. Eso es lo que importa.