El periodista Eduardo Feinmann reaccionó en la red social X con un mensaje que generó fuerte impacto: “Mándenla a una cárcel común. La unidad 4 o 7 de mujeres en Ezeiza es ideal”. Lo hizo para fijar posición frente al pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que en la últimas hora desestimó un pedido de la defensa de Cristina Kirchner para que le retiren la tobillera electrónica. Los jueces consideraron que persisten las condiciones que justifican el monitoreo a través del dispositivo.
El fallo del máximo tribunal confirmó lo dispuesto por instancias anteriores y no hizo lugar a los argumentos de los abogados de la ex mandataria, quienes habían planteado que el uso de la tobillera resultaba innecesario y estigmatizante. Para la Corte, el monitoreo electrónico continúa siendo una herramienta válida y proporcional dentro del marco de las causas que involucran a Cristina Kirchner.
Mándenla a una cárcel común. La unida 4 o 7 de mujeres en Ezeiza es ideal. https://t.co/4NR8VpmCtU
— Eduardo Feinmann (@edufeiok) January 7, 2026
El comentario del periodista suma otro capítulo a la larga historia de enfrentamientos públicos entre Feinmann y el kirchnerismo, particularmente con la expresidenta. Su posteo desató una ola de repercusiones: mientras sectores opositores celebraron sus palabras, dirigentes y usuarios afines al peronismo lo repudiaron, acusándolo de incitación al odio y de ejercer violencia simbólica.
En este contexto, la situación judicial de Cristina Kirchner vuelve a quedar en el centro de la escena. La tobillera electrónica, más allá de su función estrictamente legal, se consolida como un símbolo político que reactiva la grieta y expone el cruce permanente entre justicia, poder y confrontación mediática en la Argentina.
Feinmann suele referirse a Cristina Fernández de Kirchner como “la jefa de la banda” porque la considera la máxima responsable política de los hechos de corrupción investigados y condenados en distintas causas judiciales, en especial la denominada causa Vialidad.
Desde su mirada, la expresidenta no es una figura ajena o secundaria, sino quien habría encabezado un esquema de poder que permitió y sostuvo maniobras irregulares durante sus gobiernos.
GZ