En el New York NYA Studios West, vivimos una jornada íntima con Guillermo del Toro. NewsDigitales tuvo el privilegio de participar en una charla donde el director desmenuzó su obra más reciente, Frankenstein, en una conversación moderada por Barry Jenkins, el director de Moonlight. En este escenario, el cineasta mexicano reveló cómo su versión de la criatura no es solo un proyecto más, sino la culminación de un romance de toda la vida con la obra de Mary Shelley, afirmando: “Cada película que hice tiene un detalle de Frankenstein. Estuve ensayando esta película por años, siempre la quise hacer”.

La conexión de Guillermo del Toro con este mito nació de una experiencia casi mística durante su infancia en México. Según relató, su “conversión” ocurrió un domingo a los siete años, al salir de misa: “Fui de la iglesia a la iglesia de los monstruos y vi a Boris Karloff pasar por la puerta; me transformó, era San Pablo en el camino a Damasco”. Esa experiencia lo llevó a leer la novela original a los once años, donde descubrió una historia, según dijo, radicalmente distinta a la del cine clásico. Desde ese momento, con la ambición de un niño que ya soñaba con la dirección, juró que algún día llevaría esa verdadera esencia a la pantalla. “El espíritu de los románticos está en mi trabajo”, dijo en la charla.
Durante el panel, el director profundizó en el riesgo narrativo que asumió al dividir la película para dar voz al monstruo, un giro que solo confirmó como exitoso tras la ovación en el Festival de Venecia. Para Guillermo, presentar el título "El cuento de la criatura" a mitad del filme fue una apuesta necesaria para reconciliar dos puntos de vista opuestos en una sociedad que hoy percibe fracturada. “Creo que el valor de presentar dos narrativas completas, de dos puntos de vista completamente diferentes, y reconciliarlas al final… hay tres cosas que se necesitan: verdad, perdón y gracia. Esas tres cosas no abundan y por eso era necesario en la película”, explicó, añadiendo una reflexión sobre nuestra condición humana: “Necesitamos ser imperfectos para existir. Tiene que parar este deporte de cazar a los imperfectos”.
Parte del arte expuesto en el NYA Studios.Del Toro defendió la vulnerabilidad de su obra al declarar: “Creo en la belleza y en la fragilidad de la tragedia”. Para él, la frase de la criatura, “para vos soy obsceno pero para mí simplemente soy”, es el núcleo del mensaje que desea entregar a un mundo que tiende a deshumanizar al otro.
La maestría técnica de la película ya suena con fuerza para los premios a Mejor Vestuario, Maquillaje y Diseño de Producción. Del Toro explicó que “cuando hacés una película creás un terrario audiovisual para que la criatura exista”, un ecosistema donde cada detalle visual justifica la presencia de lo fantástico. Su objetivo era mantenerse fiel a los principios de la novela pero “agitándolos” lo suficiente para que resonaran hoy.

Al concluir el encuentro, los asistentes pudimos realizar un recorrido inmersivo por una suerte de museo instalado en el lugar. La exhibición permitía apreciar de cerca la meticulosidad del diseño de producción, desde vestidos de época hasta piezas originales que formaron parte de la construcción de la criatura. Fue el cierre perfecto para una jornada donde quedó claro que, para Guillermo del Toro, Frankenstein no es solo una película más.