Rodolfo Santamarina es un reconocido coreógrafo, bailarín e intérprete, con una sólida trayectoria en el teatro musical argentino y un presente sin techo en Estados Unidos. En su paso por El Living de NewsDigitales, repasó junto a la periodista Marysol Falbo cómo se inició en la danza casi por casualidad, el respaldo de su familia, su desembarco en Nueva York y los hitos profesionales que marcan su carrera.
Su acercamiento a la danza comenzó a los 14 años. “Se me dio por bailar. En los cumpleaños de la familia, mi tía bailaba salsa y siempre me sacaba a bailar. Un día le dije a mi mamá: ‘quiero bailar salsa’”, recordó. A partir de la recomendación de una secretaria de un consultorio, empezó a tomar clases en un club de barrio.
Ese primer impulso derivó en una formación cada vez más amplia. “Comencé a tomar clases, me empecé a fogonear y dije: esto me encanta. Después agregamos ballet, el IUNA, y el San Martín”, enumeró. La base, según remarcó, fue clave: docentes exigentes pero amorosos, que lo alentaron a tomarse la danza en serio desde el comienzo.
El artista recordó también la influencia de Michael Jackson y los videoclips de MTV. El intento por un camino alternativo duró poco. “Probé estudiar kinesiología y no funcionó. Dije: no, esto no es para mí”. Tras un primer rechazo en el ingreso al IUNA, insistió y logró entrar al año siguiente.
En ese proceso, la mirada de sus padres fue muy relevante. “No tenían a nadie en su círculo que se dedicara a esto. El miedo era lógico: ‘¿de qué va a vivir?’”, relató. Su padre, mecánico, y su madre, trabajadora administrativa y joyera, lo acompañaron aunque sin certezas.
Su carrera en Buenos Aires se consolidó en el teatro musical. La compañía de danza “Proyecto 2” funcionó como punto de inflexión. “Fue el primer espectáculo donde toda la gente con la que estaba bailando era gente de nombre. Ahí entendí que había que ponerse a la altura”. Luego llegaron “El gran final”, “Malawi” (donde también asumió el rol de coreógrafo) y “Sugar”.
Fue justamente "Sugar" el espectáculo que lo enfrentó a una decisión clave. “El show estaba yendo muy bien y sentí que había llegado, entre comillas, a un techo”. La decisión que tomó Santamarina fue clara: salir de la zona conocida. “Si quería moverme para adelante, tenía que patear para otro lado. Era Londres, o era Nueva York”.

En cuanto a su camino hacia Estados Unidos, el coreógrafo relató: “Quería ir de manera legal. Es un proceso largo, tedioso, no sabés por dónde salir”. Gracias al tiempo en cartel de "Sugar", pudo ahorrar y gestionar la visa de artista. Llegó a Nueva York en 2018 y empezó desde la base: clases, audiciones y visibilidad.
En el suelo estadounidense encontró un sistema que le permitió trabajar de forma sostenida. “Hay mucho teatro regional. De Nueva York agarran el talento y se lo llevan a otros estados”, contó. Así participó en producciones como "West Side Story", "In the Heights", "Fame" y "Pretty Woman".
Uno de los hitos más fuertes de su carrera es "On Your Feet!", el musical sobre la vida de Gloria Estefan, en su primera versión en español. “Sabíamos que Gloria estaba involucrada y que había posibilidades de que venga a ver el show”, recordó. El día de la función, ella se sentó en la primera fila: “Tenía que cantar una estrofa solo y pensaba: no puedo desafinar con esta mujer adelante”.
El intérprete recordó: “En un momento la miro a Gloria en la platea y veo que está llorando. Se me estrujó el corazón y fue como ¡Ay, menos mal que ya canté mi parte! Porque se me cerró la garganta”. Luego del show, Estefan se quedó a conversar con el elenco y expresó su emoción al ver su historia contada en español.
Hoy, con la mirada puesta en nuevas audiciones y "el foco en la meca: en Broadway", Santamarina resume su recorrido: formación permanente, grandes decisiones y trabajo constante. “Se puede llegar a Nueva York y hacerlo legalmente”, afirmó, pero dejó en claro que no hay magia: solo constancia, formación y la valentía de avanzar cuando el camino cómodo ya no alcanza.