Las protestas contra el régimen teocrático iraní han encontrado en los símbolos un lenguaje tan potente como la movilización en las calles. En un contexto de represión sostenida, censura y control del espacio público, los gestos simbólicos funcionan como actos políticos de alto impacto. La retirada de la bandera oficial de la República Islámica y su reemplazo por la histórica bandera del león y el sol en escenarios internacionales sintetiza esa lógica: decir sin consignas lo que no puede decirse sin costo dentro del país.
El episodio ocurrido frente a la embajada iraní en Londres no fue un acto aislado ni una provocación estética. Fue una intervención cargada de significado político que puso en evidencia la fractura entre el poder teocrático y una parte creciente de la sociedad iraní, dentro y fuera del país. Allí donde el régimen se representa a sí mismo con símbolos religiosos y revolucionarios, la oposición responde recuperando emblemas anteriores a 1979, asociados a una identidad nacional no subordinada al clericalismo.
La bandera del león y el sol ocupó durante siglos un lugar central en la iconografía del Estado iraní. Mucho antes de la instauración de la República Islámica, ese emblema condensaba una narrativa nacional que combinaba historia, cultura persa y soberanía política. Su eliminación tras la revolución no fue un detalle menor, sino parte de un proceso deliberado de reemplazo simbólico: borrar referencias previas para consolidar una identidad estatal definida por la teología política.
La reaparición de esa band
🇮🇷 — Acaban de ingresar a la Embajada de Irán en Londres y han quitado la bandera del régimen islámico para poner en su lugar la verdadera bandera de los iraníes libres. pic.twitter.com/4mVP9uyAOv
— Agustín Antonetti (@agusantonetti) January 10, 2026
era en las protestas actuales expone el fracaso de ese intento de monopolio simbólico. El león y el sol ya no remiten únicamente a la monarquía derrocada, sino a una idea más amplia de Irán como nación secuestrada por un régimen que gobierna en nombre de Dios pero sin consentimiento social pleno. En ese sentido, el símbolo funciona como una impugnación directa a la legitimidad fundacional del sistema teocrático.
ÚLTIMA HORA: Valientes iraníes ahora están saliendo abiertamente a las calles con la verdadera bandera iraní, el León y el Sol, colocándola en lo alto de una estatua mientras se levantan contra el régimen islámico.
— David Santos (@davidsantosvlog) January 8, 2026
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En regímenes autoritarios, los símbolos no son accesorios: son dispositivos de control o de resistencia. El régimen iraní ha utilizado su bandera actual, su iconografía religiosa y su retórica revolucionaria como herramientas de cohesión forzada. Frente a ello, la oposición apela a la memoria histórica para reconstruir una identidad alternativa, menos dogmática y más plural.
La bandera del león y el sol opera así como un puente entre generaciones y geografías. Es utilizada por la diáspora, por jóvenes manifestantes y por sectores que no necesariamente comparten un proyecto político unificado, pero sí un rechazo común al orden teocrático. Su fuerza radica en esa ambigüedad: no impone un programa, pero delimita un antagonismo claro.
El énfasis del régimen en controlar los símbolos revela su vulnerabilidad. Cuando un gobierno necesita blindar su legitimidad mediante la prohibición de emblemas alternativos, demuestra que su autoridad no descansa en el consenso, sino en la coerción. Cada vez que la bandera del león y el sol reaparece —en una protesta, en una embajada, en una marcha internacional— se pone en cuestión esa arquitectura de poder.
ÚLTIMA HORA: Valientes iraníes salen ahora a las calles con la verdadera bandera iraní, el León y el Sol, levantándose con orgullo contra el régimen islámico.
— Isaac (@isaacrrr7) January 9, 2026
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Más allá de su resultado inmediato, estos gestos simbólicos erosionan el relato oficial y amplifican la dimensión política de las protestas. El conflicto en Irán no se libra solo en las calles o en las cárceles, sino también en el terreno de los significados. Y allí, la bandera del león y el sol se ha convertido en una de las herramientas más elocuentes para disputar el futuro del país.