La coincidencia temporal entre la presión diplomática de Estados Unidos y el anuncio del régimen no es casual. Washington había reclamado públicamente la liberación de decenas de detenidos por motivos políticos, y el precedente reciente de Venezuela reforzó la idea de que los gestos selectivos pueden traducirse en alivios diplomáticos. En ese marco, la excarcelación aparece menos como una decisión soberana y más como una respuesta defensiva.
El régimen optó por una fórmula ambigua: liberar a algunos sin admitir la existencia de presos políticos como categoría, evitando así cualquier reconocimiento de responsabilidad. Esta estrategia le permite mostrar flexibilidad hacia afuera mientras preserva el control interno y mantiene intactos los instrumentos de represión judicial y policial.
Las excarcelaciones no modifican el patrón general de persecución política en Nicaragua. Organismos de derechos humanos advierten que aún permanecen encarceladas decenas de personas por razones políticas y que muchos de los liberados continúan bajo regímenes de vigilancia, restricciones o amenazas. La cárcel se transforma, pero no desaparece: se desplaza del penal al control permanente.
Además, el régimen no ha restituido derechos políticos, civiles ni garantías básicas a quienes fueron detenidos arbitrariamente. Sin independencia judicial, sin libertad de prensa y sin pluralismo político, cualquier liberación parcial carece de efecto democratizador. El mensaje es claro: la represión puede dosificarse, pero no se abandona.
Nicaragua liberó 30 presos políticos. Más que la dictadura chavista. Lo haremos saber a las autoridades correspondientes.
— Emmanuel Rincón (@EmmaRincon) January 10, 2026
Delcy cree que puede seguir burlando a la justicia internacional.
Presentar estas excarcelaciones como un punto de inflexión es funcional al relato del poder, pero desconectado de la realidad institucional del país. La dictadura Ortega‑Murillo no ha dado señales de apertura real ni de disposición a desmontar el entramado represivo que sostiene su permanencia. Cada gesto controlado refuerza la idea de que la libertad en Nicaragua sigue siendo condicional y revocable.
Venezuela dio un paso importante hacia la paz al liberar a un gran número de presos políticos. En Nicaragua, más de 60 personas siguen injustamente detenidas o desaparecidas, entre ellas pastores, trabajadores religiosos, enfermos y ancianos. ¡La paz solo es posible con libertad! https://t.co/XKoDmuvNJ8
— USEmbassy Nicaragua (@USEmbNicaragua) January 9, 2026
Mientras no exista una liberación total e incondicional de todos los presos políticos, el restablecimiento de garantías constitucionales y el fin de la persecución sistemática, cualquier anuncio seguirá siendo insuficiente. La excarcelación selectiva no es reconciliación: es administración del autoritarismo bajo presión.
Nicaragua 🇳🇮 BREAKING: the Ortega regime has released around 30 political prisoners after a tweet by @USEmbNicaragua demanding their freedom.
— Thomas van Linge (@ThomasVLinge) January 10, 2026
Among the released is Oscar Gadea Tinoco, the former mayor of Pantasma. pic.twitter.com/bZYc49BJP5