12/01/2026 - Edición Nº1070

Internacionales

Excarcelación

Nicaragua libera 30 presos políticos tras un tuit de Estados Unidos: qué hay detrás

10/01/2026 | El anuncio del régimen Ortega‑Murillo sobre la liberación de presos políticos expone una estrategia de control y simulación frente a la presión internacional.



La coincidencia temporal entre la presión diplomática de Estados Unidos y el anuncio del régimen no es casual. Washington había reclamado públicamente la liberación de decenas de detenidos por motivos políticos, y el precedente reciente de Venezuela reforzó la idea de que los gestos selectivos pueden traducirse en alivios diplomáticos. En ese marco, la excarcelación aparece menos como una decisión soberana y más como una respuesta defensiva.

El régimen optó por una fórmula ambigua: liberar a algunos sin admitir la existencia de presos políticos como categoría, evitando así cualquier reconocimiento de responsabilidad. Esta estrategia le permite mostrar flexibilidad hacia afuera mientras preserva el control interno y mantiene intactos los instrumentos de represión judicial y policial.

Nicaragua 


Nicaragua, entre el Océano Pacífico y el Mar Caribe, es una nación centroamericana conocida por su espectacular terreno de lagos, volcanes y playas.

La persistencia del aparato represivo

Las excarcelaciones no modifican el patrón general de persecución política en Nicaragua. Organismos de derechos humanos advierten que aún permanecen encarceladas decenas de personas por razones políticas y que muchos de los liberados continúan bajo regímenes de vigilancia, restricciones o amenazas. La cárcel se transforma, pero no desaparece: se desplaza del penal al control permanente.

Además, el régimen no ha restituido derechos políticos, civiles ni garantías básicas a quienes fueron detenidos arbitrariamente. Sin independencia judicial, sin libertad de prensa y sin pluralismo político, cualquier liberación parcial carece de efecto democratizador. El mensaje es claro: la represión puede dosificarse, pero no se abandona.

Un gesto que no alcanza

Presentar estas excarcelaciones como un punto de inflexión es funcional al relato del poder, pero desconectado de la realidad institucional del país. La dictadura Ortega‑Murillo no ha dado señales de apertura real ni de disposición a desmontar el entramado represivo que sostiene su permanencia. Cada gesto controlado refuerza la idea de que la libertad en Nicaragua sigue siendo condicional y revocable.

Mientras no exista una liberación total e incondicional de todos los presos políticos, el restablecimiento de garantías constitucionales y el fin de la persecución sistemática, cualquier anuncio seguirá siendo insuficiente. La excarcelación selectiva no es reconciliación: es administración del autoritarismo bajo presión.