Sí, vinimos a cubrir los Globos de Oro a Los Ángeles. Pero también con la promesa de codearnos con estrellas de Hollywood en situaciones en los que no los vemos normalmente. Y para eso son los cócteles que organizan estudios y productoras, para promocionar sus proyectos y que se posicionen mejor de cara a la temporada de premios. Pero, a veces, la realidad es inconmensurable y supera por amplio margen a las expectativas.

Cuando nos propusieron ir a ver Hamnet, en principio, pareció un evento más. Las semanas de la temporada de premios están plagadas de eventos y proyecciones, que tienen paneles con protagonistas y directores. De hecho, del miércoles hasta hoy, llevamos cuatro paneles diferentes: Bugonia, Marty Supreme, Frankenstein y, ahora, Hamnet.
Lo de Hamnet no fue normal. No porque no sea posible ser invitado a un ágape con algunos artistas y uno se los pueda cruzar por los pasillos. El contexto le dio su épica. Tanto la recepción como la proyección de la película de Chloé Zhao se dieron en el Castillo del Lago. En principio, tal vez un nombre que no signifique mucho. Pero, si esas paredes hablaran…
NewsDigitales y algunos colegas, conversando con Paul Mescal.El Castillo del lago supo ser una de las propiedades que Madonna tenía en Los Ángeles. Una casa de poco más de 970 metros cuadrados, con 9 habitaciones y 6 baños y un valor tasado en, según The Hollywood Home, unos 21 millones de dólares. Claro, entre esas habitaciones también aparece el microcine donde pudimos ver Hamnet, antes de disfrutar de algunas copas, en una noche que hasta Anya Taylor-Joy no se quiso perder.
Después fue el turno de interactuar brevemente con talentos como Jessie Buckley, la clara favorita a Mejor Actriz en Drama de los Globos de Oro y a llevarse el Oscar, quien nos dijo que no está muy preocupada pensando en eso. También lo vimos a Paul Mescal, que una vez más nos regala una performance de esas que no se superan sin pañuelitos a mano y que nos reconoció que hizo su carrera en base a eso. La directora Chloé Zhao, por su parte, nos contó que gran parte del secreto para lograr una película con tanta carga emocional fue rodar las escenas tanto con los diálogos como en silencio, reproduciendo música para que los artistas se puedan meter en la cabeza de sus personajes.