El automovilismo mundial está de luto. A los 97 años murió Hans Hermann, el piloto alemán que marcó una época en la Fórmula 1 y las carreras de resistencia.
Recordado por su histórico triunfo en Le Mans 1970 y por compartir equipo con Juan Manuel Fangio en la Fórmula 1 en Mercedes, Herrmann deja un legado imborrable de 80 victorias y una historia de vida digna de película.
Su figura representa el último eslabón que unió lo artesanal del automovilismo con un deporte más moderno y profesional. Fue un hombre que colgó el delantal de pastelero para ponerse el casco y convertirse en leyenda.
Nacido el 23 de febrero de 1928, Herrmann estaba destinado a hacerse cargo de la cafetería familiar, razón por la cual completó su formación en pastelería. Sin embargo, su pasión por los motores fue más fuerte que la tradición.
En 1952, sorprendió a todos al ganar su primera carrera en el circuito de Nürburgring a bordo de un Porsche 356, dando inicio a una trayectoria que acumularía 80 victorias generales y en categorías de clase.

Su talento innato no pasó desapercibido para los gigantes de la industria. Tras brillar con Porsche, fue fichado por Mercedes (entonces Daimler Benz AG) para competir en la Fórmula 1.
Allí vivió su etapa más regular en la "Máxima" durante las temporadas 1954 y 1955, compartiendo garaje nada menos que con el quíntuple campeón mundial, el argentino Juan Manuel Fangio.
Al volante de las míticas "Flechas de Plata", Herrmann logró su mejor resultado en el Gran Premio de Suiza de 1954, donde finalizó tercero, compartiendo podio con el "Chueco" de Balcarce, quien se llevó la victoria.
Tras el fallecimiento de Tony Brooks, Herrmann se había convertido en el último piloto vivo en haber subido a un podio de F1 en la década del 50, llevándose consigo una parte irrecuperable de la historia viva de la categoría.
Disputó un total de 18 Grandes Premios, siendo su última participación en 1969 en el GP de Alemania, donde abandonó por precaución ante un posible fallo mecánico, demostrando su sentido de responsabilidad y seguridad, cualidades que siempre lo distinguieron.

Si bien la Fórmula 1 le dio prestigio, fue en las carreras de resistencia donde Hans Herrmann construyó su estatus de ícono, especialmente ligado a la marca Porsche. Su vínculo con la casa de Zuffenhausen fue simbiótico: él creció con la marca y la marca se hizo potencia gracias a sus manos.
Uno de sus hitos más recordados fue en la peligrosa Carrera Panamericana de 1954, donde ganó su categoría con un Porsche 550 Spyder, consolidando la reputación internacional del fabricante. Pero la gloria absoluta llegaría en 1970.
Ese año, junto al británico Richard Attwood, Herrmann condujo al Porsche 917 hacia la primera victoria absoluta de la marca en las 24 Horas de Le Mans. Fue un triunfo bisagra que transformó a Porsche en la fuerza dominante de la resistencia mundial. A los 42 años, y en la cima de su carrera, decidió retirarse, cumpliendo una promesa hecha a su esposa.