La posibilidad de que Estados Unidos tome el control de Groenlandia volvió a encender alarmas en Europa. Esta semana, el comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, advirtió que una ocupación militar de la isla por parte de Washington supondría el fin de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y tendría consecuencias profundas en las relaciones entre Europa y Estados Unidos.
Groenlandia es un territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca, país miembro tanto de la Unión Europea como de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Su ubicación en el Ártico, cada vez más accesible por el deshielo, y su riqueza en minerales estratégicos la convierten en una pieza clave de la competencia global entre las grandes potencias.
En una conferencia de seguridad realizada en Suecia, Kubilius fue categórico. Al ser consultado sobre un eventual uso de la fuerza por parte de Estados Unidos, afirmó: “Estoy de acuerdo con el primer ministro danés en que sería el fin de la OTAN, y además tendría un impacto muy, muy negativo entre la gente y en nuestras relaciones transatlánticas”.
El comisario explicó que una agresión entre aliados rompería la lógica básica de la alianza atlántica, fundada sobre la confianza mutua y la defensa colectiva. Si un miembro atacara a otro, el sistema quedaría paralizado y perdería sentido.
Kubilius también recordó que el artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea obliga a los Estados miembros a prestarse ayuda y asistencia mutua en caso de agresión armada. En términos simples, si Dinamarca considerara que su territorio es atacado, los demás países europeos tendrían la obligación legal de asistirla.
El presidente Donald Trump volvió a sostener en los últimos días que Estados Unidos “debe ser propietario de Groenlandia” para evitar que Rusia o China se instalen en ese territorio ártico. Según su argumento, la presencia militar estadounidense actual sería insuficiente para garantizar la seguridad de la región.
Dinamarca y Groenlandia respondieron de forma tajante que Groenlandia no está en venta, aunque Trump no descartó explícitamente el uso de la fuerza. En paralelo, Dinamarca y Estados Unidos tienen previsto mantener reuniones diplomáticas para abordar la cuestión. Tras las críticas europeas, Trump reaccionó desde su red Truth Social con un mensaje breve y desafiante: “¡Yo soy el que salvó a la OTAN!”, sin ofrecer mayores explicaciones ni contexto.
Kubilius aclaró que no cree probable una invasión militar estadounidense, pero dejó abierta una posibilidad clave. Señaló que la Unión Europea podría ayudar a proporcionar seguridad a Groenlandia si Dinamarca lo solicitara, incluyendo tropas, infraestructura militar, buques de guerra y capacidades antidrones. “Eso es algo que los militares deben decidir sobre las necesidades de defensa de Groenlandia o del Ártico. Todo es posible”, afirmó.

También cuestionó la lógica política de una ocupación forzada y lanzó una advertencia directa: “¿Quién reconocería esa ocupación y qué impacto tendría en todas las relaciones entre Estados Unidos y Europa, incluido el comercio, donde los estadounidenses podrían enfrentar consecuencias negativas bastante dolorosas?”
Más allá del caso puntual, el mensaje europeo apunta a un debate de fondo. Kubilius sostuvo que Europa necesita fortalecer sus capacidades militares, independientemente de si puede contar o no con el apoyo estadounidense en el futuro. Reconoció, sin embargo, que una retirada de Estados Unidos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte sería extremadamente difícil de gestionar.

Según el comisario, en un escenario así podrían sobrevivir algunas estructuras de la alianza, pero como base de un pilar europeo de defensa. La OTAN, tal como existe hoy, dejaría de funcionar.
Groenlandia se convirtió en el centro de una discusión que combina geopolítica, derecho internacional y alianzas militares. Para Europa, una ocupación estadounidense no solo sería ilegal, sino también incompatible con la existencia misma de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Las advertencias buscan marcar un límite claro y evitar que un conflicto entre aliados termine debilitando uno de los pilares centrales de la seguridad occidental.