14/01/2026 - Edición Nº1072

Sociedad


Efeméride

13 de enero, Día de la Lucha contra la Depresión: señales de alerta y cuándo pedir ayuda

13/01/2026 | Concientizar, detectar a tiempo y acompañar son claves frente a una enfermedad mental común y tratable.



Cada 13 de enero se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una fecha destinada a visibilizar uno de los trastornos de salud mental más frecuentes y, al mismo tiempo, más subestimados a nivel global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 332 millones de personas en el mundo viven con depresión, lo que representa cerca del 5,7% de la población adulta, convirtiéndola en una de las principales causas de discapacidad.

La depresión no es una tristeza pasajera ni un rasgo de la personalidad. Se trata de una enfermedad mental caracterizada por un estado de ánimo persistentemente bajo o una pérdida marcada de interés y placer, acompañada por síntomas como alteraciones del sueño, cambios en el apetito, fatiga, dificultades de concentración, sentimientos de inutilidad o desesperanza y, en los casos más graves, ideación suicida.

Un problema de salud pública que aún carga con estigmas

A pesar de su alta prevalencia, la depresión continúa siendo insuficientemente diagnosticada y tratada, en gran parte por el estigma social, la desinformación y la falta de acceso a servicios especializados. La OMS advierte que una proporción significativa de las personas que la padecen no recibe atención adecuada, lo que profundiza el impacto emocional, social y económico del trastorno.

En este sentido, especialistas en psicología y psiquiatría coinciden en que romper los prejuicios y facilitar el acceso temprano a tratamientos eficaces es clave para reducir la carga global de la depresión. Las estrategias más efectivas combinan atención psicológica, abordaje psiquiátrico cuando corresponde y dispositivos comunitarios de acompañamiento sostenido.

Depresión en personas mayores: una realidad invisibilizada

En el marco de esta efeméride, Centro Hirsch pone el foco en la depresión en personas mayores, una problemática que continúa siendo subdiagnosticada debido a que sus manifestaciones suelen diferir de las que aparecen en otras etapas de la vida.

“En las personas mayores, la depresión muchas veces se expresa a través de síntomas físicos como dolor crónico, fatiga, cambios en el apetito o dificultades para dormir, que suelen interpretarse como parte natural del envejecimiento”, explica Emilce Schenk, coordinadora del Equipo Psicosocial de Centro Hirsch. Esta mirada errónea puede ocultar un cuadro depresivo y retrasar el acceso a tratamientos que mejoran significativamente la calidad de vida.

La depresión no es parte normal del envejecimiento

Desde el equipo profesional remarcan que la depresión no es una consecuencia inevitable de la vejez, sino una condición médica tratable. “Cuando se la reconoce y se la aborda de manera adecuada, es posible reducir los síntomas, mejorar la función cognitiva, acompañar las enfermedades físicas y favorecer una mejor calidad de vida”, señala Schenk.

La detección temprana, junto con una evaluación integral, facilita el diagnóstico, mejora la adherencia al tratamiento y permite acompañar tanto a la persona mayor como a su red de apoyo, evitando que el sufrimiento emocional se cronifique.

Soledad, aislamiento y pérdidas: factores de riesgo clave

La soledad y el aislamiento social cumplen un rol central en el desarrollo y mantenimiento de los síntomas depresivos en la vejez. “La soledad es una experiencia subjetiva de desconexión emocional, mientras que el aislamiento social es la ausencia objetiva de vínculos o interacciones. Ambos pueden afectar profundamente a las personas mayores”, explica Sofía Skrobak, psicóloga del área de Geriatría de Centro Hirsch.

La falta de estímulos sociales, de apoyo emocional y de espacios de pertenencia puede derivar en tristeza persistente, desesperanza y desmotivación, impactando de forma directa en la salud mental.

Duelo, cambios vitales y resignificación

A esto se suman los duelos y cambios propios de esta etapa de la vida. “En la vejez se duelan no solo personas queridas, sino también el cuerpo, la autonomía, los roles sociales y los proyectos”, señala Skrobak. Estos procesos requieren un entorno que acompañe, valide y ayude a resignificar las pérdidas.

Un abordaje profesional comprensivo permite habilitar nuevas formas de dar sentido a la vida, fortalecer vínculos y recuperar la motivación cotidiana.

Señales de alerta y acompañamiento social

Desde el área de Servicio Social, Verónica Tedesco advierte que la depresión en personas mayores está atravesada por múltiples factores emocionales y sociales. “La pérdida de seres queridos, la soledad, los cambios de roles o la baja autoestima pueden generar un círculo de desesperanza, tristeza y pérdida de interés por las actividades cotidianas”, explica.

Entre las señales de alerta se destacan el aislamiento progresivo, el agotamiento físico, los problemas de higiene, las alteraciones del sueño y los cambios en el manejo del dinero, indicadores que permiten intervenir a tiempo si son detectados de manera adecuada.

Un mensaje claro: la depresión se puede tratar

En un contexto donde aún persisten mitos sobre esta patología, el mensaje es claro y esperanzador: la depresión es una enfermedad tratable y es posible mejorar. Informar, escuchar sin prejuicios y brindar apoyo profesional permite evitar que el sufrimiento emocional se profundice y acompañar a las personas hacia una vida con mayor bienestar y reconocimiento.