En un contexto atravesado por alarmantes indicadores sobre comprensión lectora —con cifras que señalan que una parte significativa de los chicos no logra leer ni comprender textos al finalizar el primer ciclo escolar—, el trabajo de promotores de la lectura cobra un valor central. En ese marco, la diseñadora gráfica y editora Carolina Schavelzon fue distinguida con el Premio Nacional La Hormiguita Viajera, un reconocimiento que destaca iniciativas orientadas a fomentar la lectura infantil y juvenil.
Durante su visita a El Living de NewsDigitales, la editora nos contó que representó para ella recibir este significativo galardón, y cómo se posiciona su proyecto educativo en el mundo de las editoriales.

Schavelzon es la creadora de Mil Mundos, un proyecto editorial que propone una experiencia distinta: grandes láminas ilustradas para colorear en grupo, pensadas como un puente entre el juego, la imaginación y la lectura. “No es colorear un cuento. Son historias abiertas donde el chico va inventando mientras pinta”, explicó durante su charla con este portal. Según detalló, cada lámina presenta situaciones, personajes y escenarios que habilitan el relato propio y la conversación entre pares.
La propuesta se aleja deliberadamente de una lógica pedagógica rígida. “Yo no quiero enseñar nada, pero sí transmitir cosas. El que puede, lo ve”, afirmó. En ese sentido, sostuvo que el juego y la literatura no deberían estar subordinados a objetivos utilitarios: “No hay que pensar al chico como consumidor ni como alguien que tiene que ser productivo, sino como alguien que está creciendo y descubriendo el mundo”.

Uno de los ejes centrales de su mirada es el impacto de las pantallas en las infancias. Schavelzon advirtió que, lejos de funcionar siempre como herramientas de crecimiento, “hoy muchas veces están limitando la creatividad y la capacidad de pensar y tomar decisiones”. Frente a ese escenario, su estrategia no es competir desde la prohibición, sino desde la atracción: “Le ofrezco algo muy atractivo, estéticamente, algo para mirar. Pero tiene que haber un mediador, alguien que lo acerque”.
Las láminas de Mil Mundos están pensadas para el trabajo colectivo, en el piso o en mesas, y permiten que chicos de distintas edades participen al mismo tiempo. “Sin palabras, abrís lugar a la palabra”, señaló, al describir cómo, durante las actividades en ferias y festivales, los niños comienzan a hablar entre ellos, inventar historias, compartir recuerdos o preguntarse por los lugares que aparecen ilustrados.

El proyecto incluye colecciones de ciudades —realizadas junto a ilustradores y muralistas locales—, homenajes a figuras de la literatura como María Elena Walsh y propuestas vinculadas al arte y los museos. “Esto es como un libro en otro formato, casi un silent book”, explicó Carolina, al remarcar que el contenido y la calidad estética son centrales en cada edición.
El Premio La Hormiguita Viajera llegó por propuesta de ganadores de ediciones anteriores, tras haber visto su trabajo en ferias del libro. El reconocimiento distingue no solo a escritores, sino también a bibliotecarios, editores, talleristas y promotores de lectura. Para Schavelzon, fue “un honor” y un fuerte respaldo en un contexto complejo: “Estamos en un momento muy desafiante para los emprendedores argentinos. Recibir el premio es decir: ‘Bueno, estoy haciendo las cosas bien’”.

Actualmente, Mil Mundos se comercializa en librerías, jugueterías, tiendas de museos y a través de su tienda online, con envíos a todo el país. Aunque el camino no está exento de dificultades, Schavelzon remarcó que su motor sigue siendo el contenido: “Los que hacemos productos culturales hacemos lo que nos gusta y después vemos cómo hacemos para vivir de eso”.
Con una propuesta que cruza juego, arte y literatura, Mil Mundos se consolida como una experiencia alternativa para acercar a chicos —y también a adultos— a la lectura desde la imaginación, el encuentro y el disfrute compartido.