El regreso de Luiz Inácio Lula da Silva al centro de la escena internacional coincide con un escenario global marcado por tensiones crecientes y decisiones unilaterales de las grandes potencias. En América Latina, la ofensiva de Estados Unidos sobre Venezuela encendió alertas diplomáticas que Brasil interpreta como una señal de cambio profundo en las reglas del sistema internacional. Para el gobierno brasileño, no se trata de un episodio aislado, sino de un síntoma de una política exterior más dura y menos previsible.
La preocupación de Brasilia se concentra en el impacto regional de este giro. La administración de Donald Trump aparece, a ojos de Lula, dispuesta a imponer intereses estratégicos por encima de los consensos multilaterales, reeditando lógicas de poder que parecían superadas. En ese contexto, la diplomacia brasileña entiende que el silencio o la pasividad implicarían aceptar un precedente peligroso para la estabilidad política y la autonomía regional.
Frente a este escenario, Lula optó por activar una diplomacia intensa y coordinada, basada en contactos directos con líderes regionales y extra regionales. El objetivo es construir una red política capaz de deslegitimar el uso de la fuerza como herramienta diplomática, sin escalar el conflicto ni romper canales de diálogo. Brasil busca mostrarse como un interlocutor confiable, capaz de expresar disenso sin caer en la confrontación abierta.
Este reposicionamiento también responde a una ambición estratégica más amplia. El Palacio del Planalto considera que las potencias medias deben ocupar el vacío que deja la erosión del orden multilateral, articulando consensos y ofreciendo marcos de negociación alternativos. En ese sentido, la reacción frente a Estados Unidos funciona como una plataforma para proyectar liderazgo, no solo en América Latina, sino también en foros globales donde Brasil aspira a recuperar influencia.
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Lula sobre Venezuela:
"Una intervención armada en Venezuela sería una "catástrofe humanitaria para la región".
🔴 ¡LULA ES UN COMUNISTA CÓMPLICE DE LOS NARCOTERRORISTAS! 🔴 pic.twitter.com/jhq2TJIA8t
La estrategia de Lula no está exenta de riesgos. Un exceso de protagonismo podría tensar la relación con Washington y exponer a Brasil a presiones económicas o políticas en un contexto internacional volátil. Sin embargo, el gobierno brasileño apuesta a que una postura firme pero moderada refuerce su credibilidad y evite quedar atrapado en una lógica de alineamientos automáticos.
Conversei nesta manhã com o presidente do Governo da Espanha, @sanchezcastejon . Agradeci o empenho dele na aprovação do acordo Mercosul – União Europeia pelo Conselho Europeu. Reiterei a expectativa de que o acordo gere benefícios concretos para as pessoas nos dois blocos.…
— Lula (@LulaOficial) January 9, 2026
En el corto plazo, el desafío será sostener esta diplomacia activa sin que se diluya en gestos simbólicos. En el mediano, Brasil se juega algo más profundo: definir si América Latina tendrá voz propia frente a las grandes potencias o si volverá a ser un espacio de disputas decididas desde afuera. La ofensiva diplomática de Lula apunta, precisamente, a evitar ese retroceso y a reafirmar la idea de que la región aún puede incidir en el orden global.