La visita del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, a Costa Rica se inscribe en un contexto regional marcado por liderazgos fuertes, discursos de seguridad y una creciente personalización del poder. Más allá de la agenda oficial anunciada, el episodio ha activado alertas en el plano interno costarricense, donde actores políticos y sectores de la oposición observan con preocupación el impacto simbólico y político de este tipo de encuentros en un momento de alta sensibilidad democrática.
El debate no se limita a la figura de Bukele ni a su estilo de gobierno, sino al uso que el Ejecutivo costarricense hace de la diplomacia en un período cercano a elecciones. La presencia de un mandatario extranjero con fuerte capital político regional introduce interrogantes sobre los límites entre cooperación internacional legítima y señales políticas que pueden ser leídas como respaldo indirecto a determinados proyectos o narrativas internas.
Desde sectores críticos, se advierte que la visita expone una tensión estructural entre la diplomacia presidencial y la obligación de preservar la neutralidad del aparato estatal durante los procesos electorales. En Costa Rica, esta neutralidad no es solo una práctica política, sino un principio legal y cultural que sostiene la confianza ciudadana en el sistema democrático y en sus órganos de control.
La polémica surge, principalmente, cuando la política exterior se cruza con la comunicación política interna. La imagen, los gestos y los mensajes que rodean este tipo de visitas pueden tener efectos que exceden lo protocolar. En ese marco, el rol del Tribunal Supremo de Elecciones adquiere centralidad como garante de que ninguna acción del Ejecutivo derive en ventajas simbólicas o materiales para actores políticos específicos.
🔴 #NoticiasTrivisión | El abogado Joseph Rivera afirmó que el TSE no tiene competencia legal ni constitucional para impedir el ingreso a Costa Rica del presidente Nayib Bukele, ya que esa potestad corresponde al Poder Ejecutivo y no al ámbito electoral. pic.twitter.com/mGFnZYRWe9
— Noticias Trivisión (@trivision_cr) January 9, 2026
En el plano regional, Bukele representa un modelo de liderazgo que despierta adhesiones y rechazos en partes iguales. Su presencia en Costa Rica no solo se interpreta como un acto diplomático, sino también como un mensaje político que dialoga con debates locales sobre seguridad, autoridad y gobernabilidad. Esa dimensión simbólica explica por qué su visita genera lecturas que van más allá del comunicado oficial.
#ÚltimaHora El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, vendrá a Costa Rica la próxima semana para observar avances en la construcción de nueva cárcel, anuncia el presidente Chaves https://t.co/4T6pMlX82X pic.twitter.com/5DNiznuYnq
— Amelia Rueda (@ameliarueda) January 7, 2026
El episodio deja al descubierto un desafío mayor para la política costarricense: cómo gestionar relaciones exteriores activas sin erosionar las reglas del juego democrático interno. En un contexto de creciente polarización y desconfianza institucional en la región, la forma en que se resuelvan estas tensiones será clave para sostener la credibilidad del proceso electoral y la legitimidad de las instituciones republicanas.