La designación de Dina Powell McCormick en un rol clave dentro de Meta confirma un giro profundo en la estrategia corporativa de la compañía. Con un perfil que combina finanzas internacionales, experiencia estatal y vínculos políticos de alto nivel, Powell McCormick será la encargada de articular el diálogo con mandatarios, fondos soberanos e inversores estratégicos en una etapa marcada por la creciente politización del sector tecnológico.
Su trayectoria explica por qué Meta apostó por ella. Durante más de 16 años desarrolló su carrera en Goldman Sachs, donde llegó a ocupar posiciones de liderazgo y trabajó con grandes inversores institucionales, gobiernos y capitales internacionales. En ese período se especializó en operaciones complejas y relaciones con fondos soberanos, un activo clave para una empresa que hoy necesita financiar inversiones de escala global.
Ese recorrido financiero se complementó con su paso por la función pública. Powell McCormick ocupó cargos de relevancia en dos gobiernos republicanos. Durante la presidencia de George W. Bush se desempeñó como secretaria de Estado adjunta, con foco en diplomacia y relaciones internacionales. Años más tarde, en la administración de Donald Trump, asumió como subsecretaria de seguridad nacional para estrategia, participando en definiciones de política exterior y seguridad.
Esa combinación de Wall Street y Washington la convirtió en una figura con acceso directo tanto a los mercados como a los centros de decisión política, un perfil cada vez más buscado por las grandes tecnológicas. En Meta, su rol estará orientado a fortalecer la relación con gobiernos, atraer capital internacional y acompañar el despliegue de inversiones en inteligencia artificial, infraestructura digital y centros de datos.

El nombramiento también tiene una lectura política. En un contexto de mayor presión regulatoria sobre las plataformas digitales, la empresa que conduce Mark Zuckerberg busca mejorar su capacidad de interlocución con el poder federal estadounidense. La llegada de una figura con vínculos sólidos en el Partido Republicano es interpretada como una señal de pragmatismo y alineamiento con el nuevo clima que se consolida en Washington.

Más allá del caso puntual, la decisión refleja un fenómeno más amplio. Las grandes compañías tecnológicas dejaron de ser actores puramente económicos para convertirse en protagonistas del tablero geopolítico. El control de datos, el desarrollo de inteligencia artificial y la influencia sobre la opinión pública transformaron a estas empresas en piezas estratégicas, obligadas a negociar de manera permanente con Estados y bloques de poder.
En ese escenario, Meta apuesta por una ejecutiva capaz de moverse con soltura entre directorios corporativos, despachos oficiales y mercados financieros internacionales. La llegada de Dina Powell McCormick no solo redefine el organigrama interno, sino que confirma que el futuro de la tecnología se juega tanto en la innovación como en la política.