El futuro de Groenlandia volvió al centro de la escena internacional luego de que su primer ministro, Jens-Frederik Nielsen, afirmara públicamente que la isla prefiere seguir formando parte de Dinamarca antes que convertirse en un territorio de Estados Unidos. La declaración llegó en medio de un renovado impulso del presidente Donald Trump para avanzar sobre el control de este enclave estratégico del Ártico.
Las palabras de Nielsen fueron pronunciadas en Copenhague, tras una conferencia conjunta con la primera ministra danesa Mette Frederiksen, y coincidieron con el anuncio de una reunión clave en Washington. Allí, los ministros de Asuntos Exteriores de Dinamarca y Groenlandia dialogarán con el vicepresidente estadounidense J. D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, en un intento por bajar la tensión y trasladar el debate al plano diplomático.
Groenlandia es el territorio más grande del mundo sin carácter estatal. Aunque forma parte del Reino de Dinamarca desde hace siglos, goza de un amplio autogobierno desde 1979 y administra competencias clave como educación, salud y recursos naturales. Desde entonces, la independencia plena se consolidó como un objetivo político compartido por la mayoría de sus fuerzas parlamentarias, aunque el camino es gradual y aún incierto.
El interés de Washington no es nuevo. Ya en 2019, durante su primer mandato, Trump planteó la posibilidad de adquirir Groenlandia, una idea que fue rechazada de plano tanto por Copenhague como por Nuuk. En esta nueva etapa, el argumento central gira en torno a la seguridad global. La isla ocupa una posición geográfica crucial entre América del Norte y Europa, alberga rutas estratégicas del Ártico y posee importantes reservas minerales, factores que la vuelven atractiva en un contexto de competencia con Rusia y China.

Desde Dinamarca, la respuesta fue clara. Frederiksen reconoció que el escenario es complejo, sobre todo por tratarse de un aliado histórico dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, pero advirtió que el desafío recién comienza. En paralelo, el ministro de Defensa danés anunció planes para reforzar la presencia militar en Groenlandia y profundizar la cooperación con otros países aliados en ejercicios conjuntos previstos para 2026.

El debate sobre Groenlandia combina historia, geopolítica y recursos naturales, pero también identidad y autodeterminación. Mientras las grandes potencias observan el Ártico como un tablero estratégico del siglo veintiuno, la isla insiste en que su futuro no se decide en despachos ajenos, sino a partir de la voluntad de su propia población y de los lazos que mantiene con Dinamarca.