El mercado de los alquileres turísticos de corta estancia en Ibiza atravesó en 2025 una transformación profunda. La oferta disponible cayó casi a la mitad frente al año anterior y hoy se ubica alrededor de un ochenta por ciento por debajo de los niveles de 2017. El dato refleja el impacto directo de la ofensiva regulatoria lanzada en España para frenar el turismo excesivo y aliviar la presión sobre la vivienda.
El cambio no es exclusivo de la isla balear, aunque allí se siente con más fuerza. A nivel nacional, los anuncios de alquileres vacacionales descendieron en la segunda mitad de 2025, la primera baja general registrada en el país. Detrás del giro aparecen nuevas exigencias administrativas, inspecciones más frecuentes y un clima social cada vez más crítico frente al encarecimiento de los alquileres residenciales.
Las autoridades locales de Ibiza intensificaron los controles para eliminar publicaciones no autorizadas y exigir el registro previo de las propiedades antes de ofrecerlas en plataformas digitales. La medida busca ordenar un sector que creció sin freno durante más de una década, impulsado por la popularidad de servicios como Airbnb y por la preferencia de muchos viajeros por alojamientos más económicos que los hoteles.
Otras regiones siguieron caminos similares. Mallorca también aplicó restricciones severas, mientras Barcelona anunció que prohibirá totalmente las viviendas turísticas hacia el final de la década. El objetivo común es liberar oferta para residentes permanentes y contener la suba de precios que, según denuncian vecinos y asociaciones civiles, expulsó a miles de personas de los centros urbanos.

El panorama, sin embargo, no es uniforme. Ciudades costeras como Málaga y Almería continúan ampliando su capacidad de alojamiento turístico. Esa divergencia muestra cómo el fenómeno del turismo masivo se redistribuye territorialmente a medida que cambian las reglas.
Desde el sector turístico, la asociación Exceltur sostiene que el nuevo marco normativo marca un punto de inflexión. Durante años, las viviendas vacacionales crecieron más rápido que la hotelería, en un contexto en el que España alcanzó cifras récord de visitantes y se consolidó entre los principales destinos del mundo. Aun así, cerca de un tercio de los turistas sigue eligiendo departamentos y casas, atraídos por precios más bajos y mayor flexibilidad.

Paradójicamente, mientras la oferta de alquileres se reduce, Ibiza continúa liderando los ingresos hoteleros por habitación en el país, con valores que siguen en aumento. El contraste ilustra el dilema central del debate: cómo equilibrar la prosperidad turística con el acceso a la vivienda y la calidad de vida de quienes viven todo el año en los destinos más codiciados.