17/01/2026 - Edición Nº1075

Internacionales

Geopolítica

Ártico militarizado: cómo se convierte Groenlandia en pieza clave para Estados Unidos

13/01/2026 | El debate sobre la soberanía de la isla expone una realidad incómoda: Dinamarca carece de capacidad efectiva para proteger un territorio clave frente al avance de potencias como Rusia y China.



La controversia en torno a Groenlandia no puede analizarse únicamente desde una lógica formal de soberanía. El territorio, de dimensiones continentales y ubicación estratégica en el Ártico, se encuentra en una región donde la competencia entre grandes potencias se ha intensificado de manera acelerada. En ese escenario, la pregunta central no es quién administra Groenlandia, sino quién puede garantizar de forma real su seguridad y estabilidad. Y en ese punto, la brecha entre Dinamarca y Estados Unidos resulta evidente.

Dinamarca ejerce soberanía formal sobre Groenlandia, pero no dispone de las capacidades militares, tecnológicas ni logísticas necesarias para proteger de manera autónoma un territorio de tal magnitud. La defensa de la isla depende, en la práctica, de la arquitectura de seguridad transatlántica liderada por Washington. Este desajuste entre responsabilidad formal y capacidad efectiva constituye el núcleo del debate actual.

Groenlandia 


Groenlandia es una enorme isla y un territorio danés autónomo entre los océanos Atlántico Norte y Ártico.

Un territorio estratégico en un Ártico militarizado

El Ártico dejó de ser una periferia congelada para convertirse en un espacio central de la competencia global. Rusia ha reforzado su presencia militar en el norte, reactivando bases, desplegando sistemas de misiles y ampliando su flota ártica. China, por su parte, se define como “potencia casi ártica” y avanza con inversiones, investigación científica dual y ambiciones logísticas. Frente a este escenario, la fragilidad del esquema defensivo danés resulta inocultable.

Estados Unidos mantiene desde hace décadas una presencia clave en Groenlandia a través de instalaciones estratégicas que forman parte de su sistema de alerta temprana y defensa antimisiles. Esa presencia no es un gesto imperial, sino una respuesta estructural a amenazas reales. La seguridad de la isla está directamente vinculada a la seguridad de América del Norte y de Europa, y solo una potencia con alcance global puede asumir esa carga de forma creíble.


Groenlandia es clave por su ubicación en el Ártico, control de rutas, radar antimisiles y disuasión frente a Rusia y China.

Soberanía, capacidad y responsabilidad

El principio de soberanía implica derechos, pero también obligaciones. Proteger un territorio frente a amenazas externas es una de las más básicas. Cuando un Estado no puede cumplirla por sí mismo, la cooperación o la delegación efectiva de responsabilidades se vuelve inevitable. En el caso de Groenlandia, esa delegación ya existe de facto, aunque no siempre se la reconozca en el plano político.

Estados Unidos no plantea un desafío al orden internacional, sino una discusión incómoda pero necesaria sobre la coherencia entre soberanía formal y capacidad real. Ignorar esta brecha equivale a dejar un vacío estratégico en una de las regiones más sensibles del planeta. La disuasión no se ejerce con declaraciones, sino con presencia, inversión y poder efectivo.


Mapa de recursos de Groenlandia. 

Un debate que trasciende a Dinamarca

Más allá de Copenhague, el debate interpela a toda la alianza atlántica. Si Europa aspira a preservar su seguridad en el Ártico, debe reconocer que hoy depende de manera estructural del liderazgo estadounidense. En ese contexto, la posición de Washington no es una anomalía, sino una consecuencia lógica del equilibrio de poder vigente.

Groenlandia se encuentra en el centro de una transformación geopolítica que no admite soluciones simbólicas. La estabilidad del Ártico exige capacidades que Dinamarca no posee y que Estados Unidos sí. Reconocer esa realidad no implica renunciar a principios, sino adaptarlos a un mundo donde las amenazas son concretas y la inacción tiene costos estratégicos elevados.

Relacionadas
Más Noticias