Este 14 de enero se cumplen 14 años de la difusión de una encuesta de la consultora CEOP, dirigida por Roberto Bacman, que retrataba uno de los momentos de mayor fortaleza política del kirchnerismo.
El sondeo, publicado por Página/12 en 2012, mostraba que, apenas un mes después de haber asumido su segundo mandato, Cristina Fernández de Kirchner alcanzaba una intención de voto del 61,5%, superando incluso el 54% obtenido en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de octubre de 2011.
El estudio evidenciaba no sólo la continuidad del respaldo social al oficialismo, sino también una hegemonía política consolidada, con una oposición fragmentada y sin figuras capaces de capitalizar un liderazgo alternativo en el corto plazo.

Uno de los datos centrales del relevamiento era la marcada fragilidad del arco opositor. El entonces líder del Frente Amplio Progresista, Hermes Binner, aparecía en segundo lugar con 15,8% de intención de voto, lo que implicaba una caída de un par de puntos respecto de su desempeño electoral en 2011. Más atrás se ubicaba el radical Ricardo Alfonsín, con apenas 7,8%, reflejando un fuerte retroceso.
Según el análisis de Bacman, la encuesta confirmaba que ningún dirigente opositor había logrado consolidarse tras el proceso electoral de 2011. Incluso, destacaba que Binner, que venía mostrando una tendencia de crecimiento en meses previos, había comenzado a perder apoyo, profundizando la distancia con el oficialismo.

El trabajo de CEOP indicaba que, lejos de producirse un desgaste tras la reelección, el posicionamiento del Gobierno nacional tendía a fortalecerse. “A un mes de la asunción de Cristina Fernández para llevar a cabo su segundo mandato consecutivo, el sondeo deja al descubierto que las percepciones de los argentinos no presentan ningún cambio estructural”, señalaba Bacman, quien añadía que el respaldo al Ejecutivo incluso parecía incrementarse respecto del año anterior.
El consultor atribuía ese fenómeno a la persistencia de una percepción dominante en la sociedad: la existencia de “un único proyecto de gobernabilidad concreto”, encarnado por el Frente para la Victoria, frente a una oposición que no lograba instalarse como una opción viable de poder.
Además de la intención de voto, el estudio había abordado la percepción sobre la salud presidencial, luego de que se descartara que la mandataria padeciera un carcinoma. Un 68,8% de los encuestados manifestaba estar muy o bastante preocupado por su estado de salud, aunque un 65,8% consideró que ello no afectaría el desarrollo de su gestión. En paralelo, un 59,8% evaluaba que el nuevo mandato sería positivo, frente a un 30,7% que lo consideraba negativo.

Con el paso del tiempo, aquella encuesta quedó asociada al pico de apoyo político del kirchnerismo. Pocas semanas después de su publicación, el 22 de febrero de 2012, se produciría la Tragedia de Once, un hecho que marcó un antes y un después en la percepción pública sobre el Gobierno nacional y que comenzó a erosionar la imagen presidencial.
Ese proceso de desgaste se profundizaría en los meses siguientes y tendría su correlato en las masivas movilizaciones opositoras del 13 de septiembre (13S) y del 8 de noviembre (8N) de 2012, que pusieron en evidencia un cambio en el clima social y el surgimiento de un descontento que no estaba presente al momento de la encuesta de CEOP.
A catorce años de distancia, el sondeo de enero de 2012 permanece como una fotografía precisa de la etapa de mayor hegemonía política de Cristina Fernández de Kirchner, cuando el oficialismo concentraba un respaldo electoral excepcional y la oposición atravesaba una de sus fases de mayor debilidad. Un escenario que, con el correr de ese mismo año, comenzaría a transformarse de manera significativa.