18/01/2026 - Edición Nº1076

Internacionales

Transición

Fin de era chavista: qué traba hoy a la oposición para llegar al poder en Venezuela

14/01/2026 | Tras años de fragmentación, el antichavismo enfrenta el desafío de redefinir liderazgos y estrategias en un escenario político aún controlado por viejas estructuras.



La caída del liderazgo histórico del chavismo no ha significado, al menos por ahora, la apertura inmediata de un sistema plenamente competitivo. Venezuela transita una etapa de ambigüedad política, en la que conviven gestos de apertura con mecanismos de control heredados del pasado reciente. En ese contexto, la oposición dejó de tener como único eje la confrontación directa y se ve obligada a repensarse como actor con vocación de poder, no solo de denuncia. El desafío es mayúsculo: reconstruir credibilidad social en un país exhausto y profundamente escéptico.

Durante años, el antichavismo funcionó más como un frente de resistencia que como una alternativa de gobierno estructurada. Esa lógica, efectiva para sostener la presión internacional y visibilizar abusos, mostró sus límites en el terreno interno. Hoy, con un escenario más fluido pero también más incierto, la oposición enfrenta la necesidad de pasar del discurso de ruptura al de construcción, sin perder identidad ni capital simbólico acumulado en la confrontación.

Venezuela 


Venezuela es un país en la costa norte de América del Sur con diversas atracciones naturales.

Reacomodos y tensiones internas

La nueva etapa ha reactivado disputas que permanecían latentes bajo la represión. Los distintos sectores opositores debaten no solo estrategias, sino también tiempos y prioridades. Para algunos, cualquier participación en un proceso sin garantías plenas implica legitimar un orden incompleto; para otros, la ausencia en el terreno político equivale a regalar espacios de poder. Esta discusión atraviesa partidos, liderazgos y bases sociales, y expone una oposición todavía lejos de una síntesis común.

El riesgo de este reacomodo es la dispersión. Sin una hoja de ruta compartida, la oposición puede diluir su capacidad de incidencia justo cuando el sistema muestra fisuras. La reconstrucción territorial, el vínculo con sectores populares y la redefinición programática aparecen como tareas urgentes, pero difíciles de coordinar en un espacio marcado por desconfianzas acumuladas y liderazgos fuertes que compiten por centralidad.

El dilema de la transición

El escenario que se abre no garantiza una transición ordenada ni lineal. El poder real sigue distribuido en estructuras que responden a lógicas anteriores, y la oposición debe decidir si su rol será el de presionar desde afuera o incidir desde adentro, asumiendo costos políticos. Ninguna de las dos vías está exenta de riesgos, y ambas requieren niveles de coordinación que hoy parecen frágiles.

Más allá de nombres propios, el futuro del antichavismo dependerá de su capacidad para ofrecer algo más que oposición al pasado. La sociedad venezolana demanda certezas, gobernabilidad y un horizonte de normalidad institucional. Si la oposición logra articular un proyecto que combine firmeza democrática con pragmatismo político, podrá capitalizar el momento. De lo contrario, corre el riesgo de quedar atrapada en sus propias divisiones, incluso en un contexto de cambio.