Patricia Bullrich posiciona la reforma laboral de febrero como su blindaje político ante el cerco de Karina Milei, según admiten en despachos oficiales del Senado este miércoles.

En el ámbito legislativo se reconoce que el éxito de la reforma laboral es la última gran carta de Bullrich para recuperar autonomía. Ante un escenario donde el entorno presidencial ya ha vetado figuras de su riñón -como Gerardo Milman- y ha congelado partidas clave, la senadora necesita un triunfo contundente. El análisis que circula en la Cámara alta sugiere que Bullrich pretende demostrar que su capacidad de lobby es indispensable para la gobernabilidad del país.
La desautorización de Karina Milei ha sido quirúrgica, desde bochar designaciones hasta ignorar acuerdos previos con otros bloques. La reforma laboral será el escenario donde Bullrich intentará canjear resultados por una silla en la mesa de decisiones estratégicas de 2027.

Según lecturas políticas de Balcarce 50, el avance de Manuel Adorni en el territorio porteño representa un desafío frontal al bullrichismo. Adorni ostenta la lealtad absoluta que exige "El Jefe" y un resultado electoral reciente que lo posiciona como el sucesor natural en el bastión libertario. Esta situación deja a la senadora con escaso margen de maniobra en el distrito que la vio ganar con más del 50% de los votos.
Mientras Bullrich camina la provincia de Buenos Aires y confronta con Axel Kicillof por la informalidad laboral, el cerco interno parece cerrarse. El futuro de la exministra depende ahora de si la labor parlamentaria se convierte en un trampolín hacia la fórmula nacional o en su confinamiento político definitivo.
La tregua armada entre las partes llegará a su fin en marzo, cuando el resultado de la votación y el cierre de avales en el PJ marquen el nuevo mapa del poder en la Argentina.
TM