Delfina Wagner decidió correrse del barro de la discusión pública para enfocarse en su etapa creativa. “Siento que estoy en un momento mucho más artístico, mucho más creativo de mi vida”, resumió en su visita a El Living de NewsDigitales, al explicar por qué hoy elige hablar desde otro lugar: la música, el archivo testimonial y un proyecto propio de streaming que viene creciendo dentro de la movida tropical.
Lejos de presentarse como un producto de ocasión, Wagner insiste en que su vínculo con la música tiene raíces y método: formación académica, años de estudio y una identidad ligada a su origen. “Nací en Santa Fe. En Santa Fe la cumbia es el género… la cumbia santafesina es famosa en todo el país”, afirmó, antes de marcar que esa cultura se incorpora “inconscientemente” y termina volviéndose destino.
En su relato, la cumbia no aparece como una elección de marketing sino como una pertenencia que se activa con el tiempo. “La cumbia un poco te encuentra, no es que vos la elegís. Yo siento que la cumbia me eligió a mí”, dijo. Y añadió dos capas que busca que convivan: la calle y la técnica.
“Estudié música, formación más académica… leer partituras. Es una formación académica muy larga, de más de ocho años”, explicó, al tiempo que contó su mudanza a zona norte y el cruce con otras variantes del género: “Evidentemente la cumbia me persigue por todos lados”.
Wagner enmarca su proyecto en un concepto propio: “cumbia disruptiva”, una etiqueta que, según explica, tiene que ver con la discusión cultural y los prejuicios alrededor del género. “Me duele cuando la gente es racista… yo defiendo muchísimo a Latinoamérica, defiendo muchísimo a los indígenas, estoy totalmente en contra de todo tipo de racismo y cualquier tipo de discriminación”, remarcó.
En ese mismo tramo, planteó una defensa directa de la música popular como espejo social: “El arte es una imitación de la vida, no al revés. Nadie va a ir a hacer algo porque lo escuchó en una canción”. Y apuntó al centro de un debate clásico: “El problema no es la cumbia villera… el problema lo tienen que sacar de raíz”.
En paralelo a su música, Wagner construyó un formato propio: A Cara de Perro, un espacio que define como “stream de cumbia y testimonio”, orientado a registrar historias y conversaciones que —según plantea— no suelen quedar en archivo.
“Lo planteé como un proyecto testimonial… me gusta entrevistar, me gusta mucho cazar testimonios”, explicó. Con el tiempo, dice, detectó un diferencial: artistas que llegan predispuestos a contar. “Los artistas caen al programa con la preexposición de testimoniar sus asuntos personales”, valoró.
La apuesta, en su relato, no compite con otros fenómenos del streaming: busca complementarlos. “Nadie puede ignorar el ruido que está haciendo Un Poco de Ruido, pero sí se puede complementar… una cosa es un stream musical… otra cosa es un stream de cumbia y testimonio. El mío es el primer stream de cumbia y testimonio de la comunidad cumbiera”, definió.
Y redobló con una ambición que funciona como gancho: “Me gusta soñar… aspirar a el LAM de la cumbia. Un Poco de Ruido… ellos son el Bailando. Yo puedo ser el LAM”.

En el plano más personal —sin correr el eje artístico— Wagner también dejó una frase que inevitablemente dialoga con el mundo del espectáculo: su vínculo con Chano. “Pasaron cosas, podemos decir que hubo romance… y hoy en día valoro mucho su persona, su amistad. Ha sido un tipo muy respetuoso”, dijo, marcando distancia con experiencias previas y evitando el golpe bajo.
Además, dejó abierta la puerta a colaboraciones y “fits” con artistas del ambiente: “Las cosas se dan y fluyen naturalmente… estamos charlando en hacer temas con Carlitos de Mak Donal… y con otros artistas”.
En su mirada, la música no solo es carrera: también es identidad. “Mientras otros artistas eligen basarse en palabras extranjeras… yo siento que lo mejor para lo que Dios me trajo a este mundo es para defender a mi país, defender a mi patria, defender nuestras raíces”, afirmó.
Esa idea —patria, cultura popular, testimonio— organiza el presente que busca consolidar: una artista joven que intenta reescribir su narrativa pública desde la escena y la producción, con una apuesta concreta: nueva música, un streaming propio y una marca personal que se planta en el centro de la conversación cultural.