El cineasta geselino Fernando Spiner, quien comenzó su carrera en los años ochenta, en un contexto atravesado por la posdictadura y la reapertura cultural, pasó por El Living de NewsDigitales. En una nueva entrevista de RockPolitik con Juan Provéndola, el director habló del estreno de Weser (2019), la nueva película que funciona como segunda parte de la trilogía iniciada con La Boya.
Lejos del formato promocional clásico, el director puso el acento en el origen del proyecto, en Villa Gesell, y en una forma de hacer cine que mezcla memoria, experiencia y búsqueda artística.
Según el realizador, la segunda película de la trilogía, la cual “se dio de manera natural”, nació de una experiencia concreta: nadar mar adentro hasta una boya, una práctica compartida durante años con el poeta Aníbal Zaldívar.
Esta saga en desarrollo ya generó comunidad y fue proyectada durante varios veranos en el bosque fundacional de Villa Gesell. “El deseo de seguir creando juntos fue lo que nos llevó a pensar una trilogía”, sostuvo.
Weser toma su nombre del barco en el que el bisabuelo de Spiner escapó de un pogrom en Ucrania y cruza esa historia familiar con la pandemia y con el presente. “La película está atravesada por la muerte, pero es luminosa”, afirmó, y agregó que el film propone pensar la muerte como un pasaje, no como un cierre definitivo.
Spiner manifestó el contexto con claridad:
“Vivimos una época en la que nadie quiere hablar de la muerte, y sin embargo la tuvimos rondando todo el tiempo”.
Escrita durante la pandemia, Weser incorpora esa experiencia colectiva, dejando que la realidad se filtre en la ficción. En ese marco, se remarca la participación de Daniel Fanego (quien se encontraba en su tratamiento quimioterapéutico) en su último trabajo frente a cámara. “Insistió en venir a filmar a Gesell aun con un pronóstico reservado. La película también homenajea esa pasión por actuar hasta el final”, dijo.

El director remarcó que su cine busca verdad antes que artificio. Por eso combina actores profesionales con personas reales del pueblo que se interpretan a sí mismas. “La clave es la confianza y la entrega. Esa verdad no se puede fabricar”, señaló.
Consultado por sus trabajos junto a figuras colosales del rock argentino, el cineasta volvió sobre su experiencia con Luis Alberto Spinetta en Balada para un Kaiser Carabela (1987). La definió como “un milagro” y recordó la curiosidad artística del Flaco: “Vino por curiosidad, por ganas de jugar a otra cosa”. Para Spiner, ese gesto resume una ética: no repetir, no acomodarse e ir siempre hacia lo desconocido.
“El acto artístico no está pensado solo para el mercado”, afirmó, retomando una frase de Spinetta que lo marcó: una película también puede ser “para no verla”, en el sentido de que su valor no depende del consumo masivo sino de la pulsión expresiva que la origina.
Weser tuvo su paso por el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y continuará su recorrido en salas como el MALBA durante 2026. Spiner lo inscribe dentro de un cine de autor que apuesta a la reflexión y a la comunidad. “Hay muchos cines posibles, y todos son válidos”, aclaró.
De cara al futuro, confirmó que ya trabaja en la tercera parte de la trilogía junto a Zaldívar. En un contexto adverso para el cine argentino, insiste en filmar con tiempo, con amigos y con convicción. Para Spiner, el camino sigue siendo el mismo: volver al origen, mirar el mar y seguir contando historias verdaderas.