17/01/2026 - Edición Nº1075

Internacionales

Escalada diplomática

Europa despliega tropas en Groenlandia tras la presión de Trump

15/01/2026 | Macron convoca un gabinete de crisis y aliados refuerzan el respaldo a Dinamarca.



Groenlandia, el territorio autónomo de Dinamarca situado en el corazón del Ártico, se convirtió en uno de los principales focos de tensión internacional tras una nueva ofensiva política del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien reiteró que su país debe controlar la isla por razones de seguridad nacional. La respuesta europea fue inmediata: Francia convocó un gabinete de defensa de emergencia y varios países aliados comenzaron a desplegar personal militar en una señal de respaldo explícito a Copenhague y Nuuk.

Desde el Despacho Oval, Trump afirmó que Groenlandia es “muy importante para la seguridad nacional”, incluso para la propia Dinamarca, y sostuvo que ese país no estaría en condiciones de responder si Rusia o China intentaran ampliar su influencia en la región. En ese marco, aseguró que Estados Unidos sí tiene la capacidad de hacerlo y vinculó el argumento con otros escenarios recientes, al señalar que “ya lo descubrieron la semana pasada con Venezuela”. El mandatario volvió a insistir en que la Organización del Tratado del Atlántico Norte sería “mucho más formidable y efectiva” si la isla quedara bajo control estadounidense, sin descartar el uso de la fuerza.


Un avión de las Fuerzas Armadas de Dinamarca llega a Groenlandia como parte del refuerzo militar y los ejercicios conjuntos con aliados.

Las declaraciones provocaron una reacción coordinada en Europa. El presidente francés, Emmanuel Macron, convocó a primera hora de la mañana a un gabinete de defensa de emergencia para analizar la situación. Poco después, anunció que Francia comenzó a enviar efectivos militares a Groenlandia para participar en ejercicios conjuntos organizados por Dinamarca y las autoridades groenlandesas. Según detalló, se trata de especialistas en montaña que integran una operación destinada a reforzar la presencia aliada en el Ártico.

El movimiento francés no fue aislado. Alemania, Suecia, Noruega y los Países Bajos también confirmaron el envío de pequeños contingentes militares, principalmente equipos de reconocimiento y oficiales, como parte de los preparativos para maniobras de mayor escala previstas para los próximos meses. Aunque el número de efectivos desplegados es reducido, el gesto tiene un fuerte peso político: busca demostrar unidad europea y capacidad de disuasión ante cualquier intento de alterar el estatus de Groenlandia.

El refuerzo militar se produjo tras una reunión de alto nivel en Washington entre funcionarios de Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia. Allí, el canciller danés Lars Løkke Rasmussen y la ministra de Asuntos Exteriores groenlandesa Vivian Motzfeldt acordaron con representantes estadounidenses la creación de un grupo de trabajo para discutir preocupaciones de seguridad en torno a la isla. Sin embargo, ambos dejaron en claro que Washington no modificó su postura de fondo.

“No logramos cambiar la posición estadounidense”, reconoció Rasmussen, quien calificó cualquier intento de adquisición de Groenlandia como una violación inaceptable de la soberanía. Desde Nuuk, el primer ministro Jens-Frederik Nielsen reiteró que la isla no quiere ser gobernada ni propiedad de Estados Unidos y que seguirá formando parte del Reino de Dinamarca y de la alianza atlántica.

Groenlandia tiene una población de poco más de 57.000 habitantes, pero su peso estratégico es enorme. Su ubicación entre América del Norte y Europa la convierte en un punto clave para la vigilancia militar, el control de rutas marítimas que se abren con el deshielo y el acceso a minerales críticos. Durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, Estados Unidos ya tuvo una fuerte presencia militar en la isla, un antecedente que explica por qué el territorio vuelve a ocupar un lugar central en la geopolítica actual.

Para los países europeos, el mensaje es claro: Groenlandia no está en venta y cualquier intento de modificar su estatus tendría consecuencias profundas para la seguridad regional y la relación transatlántica. Para Washington, en cambio, la isla aparece como una pieza clave de su estrategia global. En ese choque de visiones, el Ártico dejó de ser una periferia lejana y pasó a convertirse en un nuevo escenario de disputa entre aliados.