Volvió el apellido Safdie que nos dio genialidades como Good Time (2017) y Diamantes en bruto (2019). Marty Supreme es hermana directa de esas dos películas encabezadas por Robert Pattinson y Adam Sandler, respectivamente, que cargadas de frenetismo nos hablan de todo lo que se pierde cuando lo único que se pone en el centro es el interés personal. Pero esta vez, el único que vuelve es Josh Safdie, que por primera vez encara un proyecto separado de su hermano Benny Safdie, quien por su parte se fue a hacer La Máquina junto a Dwayne Johnson.
Marty Supreme es la historia de Marty Mauser (Timothée Chalamet), un vendedor de zapatos de Nueva York en los 50 que está obsesionado con convertirse en el mejor jugador del mundo de ping pong, un deporte que prácticamente es irrelevante en su país. Bueno, lo de convertirse es una cuestión de perspectiva, porque él está convencido de que ya lo es, de que solo tiene que viajar a Londres y jugar en Wembley para completar su profecía. Pero, a veces, la vida tiene otros planes.
Cuando tuvimos la proyección de la película en Los Ángeles, el cierre estuvo a cargo de Josh Safdie, que además de contarnos cuál era el plan en relación con el final original de la película, también habló de las intenciones estéticas de la película. Safdie no quería que Marty Supreme fuera una película de época. Quería que fuera una película que se sintiera filmada en esa época y todo su equipo técnico trabajó para conseguirlo.
La cantidad de primeros planos por momentos es agobiante, casi que se siente la respiración de los personajes, la transpiración. Y es proporcional a la asfixia que siente Marty Mauser, cada vez más presionado por el contexto y las circunstancias que se interponen en su camino, muchas de las cuales fueron generadas por su propio egoísmo. El objetivo es claro para el personaje encarnado por Timothée Chalamet, pero el problema son las formas que se van llevando puesto todo a su paso (a veces, literalmente).

Es maravilloso el trabajo de guion para que en tan solo un par de escenas iniciales estemos dentro de una historia que gira alrededor de un deporte, en principio, tan insulso para nosotros como el ping pong. Y el secreto está en que también era algo llamativo y extraño para el coequiper de libreto de Josh Safdie, Ronald Bronstein (Good Time, Diamantes en bruto), que un poco se sorprendió al recibir la propuesta de escribir una historia en torno al tenis de mesa pero que entendió que quizás ahí estaba la magia.
La música de Marty Supreme es fenomenal, tanto la original de Daniel Lopatin (conocido como Oneohtrix Point Neve) como la banda sonora que incluye a Alphaville y a Tears for fears. Es una película ruidosa, estridente, hiperquinética, porque Marty Mauser lo es. Inteligencia le sobra, pero a veces sus reacciones van más rápido que sus pensamientos, y aunque es bueno haciéndolo sobre la marcha, muchas veces termina enterrado.

Marty Supreme es una película sobre los sueños y sobre la felicidad, sobre cómo, según contó Josh Safdie en el panel que presenciamos, a veces es un sentimiento que te aterra, que acecha en las sombras. Y Marty Mauser sabe que si se queda quieto, el sueño y la felicidad se lo llevan puesto a él.