La visita del primer ministro canadiense Mark Carney a Beijing marcó el primer contacto de este nivel entre ambos países desde 2017 y simboliza un intento explícito por recomponer una relación bilateral deteriorada por años de fricciones políticas y comerciales. El viaje fue recibido por las autoridades chinas como una oportunidad para iniciar un “reset” diplomático que permita dejar atrás un período de confrontación.
Desde Beijing, el canciller Wang Yi subrayó que el acercamiento depende de la eliminación de factores de “interferencia”, una referencia velada a disputas pasadas que incluyeron sanciones, detenciones diplomáticas y aranceles cruzados. Para Ottawa, el objetivo central es reconstruir canales de comunicación estables sin renunciar a sus principios, pero con una mirada pragmática sobre el lugar de China en la economía global.
Uno de los ejes de la visita es el comercio. Canadá busca diversificar sus mercados de exportación en un contexto de tensiones comerciales recurrentes con Estados Unidos y de creciente competencia global. China, como segunda economía del mundo, aparece como un socio difícil pero imposible de ignorar, especialmente para sectores como energía, agricultura y finanzas.
El diálogo también apunta a normalizar intercambios en áreas como inversiones, servicios y cooperación climática. Carney, con experiencia en el ámbito financiero internacional, apuesta a un enfoque técnico que permita separar los desacuerdos políticos de los intereses económicos compartidos.
Thank you to Premier Li, for the warm welcome to Beijing.
— Mark Carney (@MarkJCarney) January 15, 2026
Our countries align in many areas, such as clean energy, agriculture, and finance. We focused on how Canada and China can work together to build stronger, more sustainable economies for both our nations. pic.twitter.com/SdZ6siOf2n
El intento de recomposición no está exento de riesgos. Canadá enfrenta presiones internas y externas para mantener una postura firme frente a Beijing en temas sensibles, como derechos humanos y seguridad. Al mismo tiempo, China busca garantías de que Ottawa no actuará como un mero reflejo de la política estadounidense en Asia-Pacífico.
La visita de Carney no resuelve estas tensiones, pero abre un espacio de negociación que había estado virtualmente cerrado. En un sistema internacional cada vez más fragmentado, la decisión de retomar el diálogo refleja una lectura compartida: la confrontación permanente tiene costos crecientes.
Just landed in Beijing.
— Mark Carney (@MarkJCarney) January 14, 2026
The relationship between Canada and China has created opportunities and prosperity on both sides of the Pacific.
We’re ready to build a new partnership — one that builds on the best of our past, and responds to the challenges of today. pic.twitter.com/NzW4qwBQrW
El acercamiento entre Canadá y China se presenta así como un ejercicio de realismo diplomático. Más que un giro ideológico, el viaje a Beijing sugiere una estrategia de gestión del desacuerdo, donde el diálogo vuelve a ocupar un lugar central como herramienta de política exterior.