Grecia volvió a poner en el centro de la escena una de las disputas geopolíticas más delicadas del Mediterráneo oriental. El ministro de Relaciones Exteriores, George Gerapetritis, afirmó ante el Parlamento que el país planea extender aún más sus aguas territoriales, una decisión que podría incluir al Mar Egeo, pese a la histórica advertencia de Turquía de considerar esa medida como un casus belli.
Actualmente, la soberanía marítima griega en el Egeo se limita a seis millas náuticas, aunque el derecho internacional del mar habilita a los Estados costeros a extenderla hasta doce millas. Grecia ya aplicó esa ampliación en el Mar Jónico, tras alcanzar acuerdos con Italia, y firmó además un tratado de delimitación marítima con Egipto en el Mediterráneo oriental.
Sin embargo, el Egeo sigue siendo el punto más sensible. Se trata de una región salpicada de cientos de islas griegas muy cercanas a la costa turca, donde la definición de aguas territoriales, plataformas continentales y espacios aéreos tiene impacto directo en la seguridad, la navegación, los sobrevuelos militares y el acceso a recursos energéticos que se cree podrían existir bajo el lecho marino.
El conflicto no es nuevo. En 1995, el Parlamento turco aprobó una resolución en la que declaró que una extensión unilateral griega de sus aguas en el Egeo constituiría una causa de guerra. Atenas sostiene que esa postura contradice el derecho marítimo internacional, mientras que Ankara argumenta que una ampliación dejaría a Turquía con un acceso extremadamente limitado al mar.

Pese a ser aliados dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, Grecia y Turquía mantienen desde hace décadas una relación marcada por la desconfianza. Aunque en los últimos años lograron reducir la retórica confrontativa y reactivar canales diplomáticos, las diferencias de fondo siguen sin resolverse.
En ese contexto, Grecia dio otro paso que generó fricción al anunciar dos parques marinos en el Jónico y el Egeo. El proyecto egeo, de 9.500 kilómetros cuadrados, se extendería inicialmente alrededor de las Cícladas meridionales, una zona ubicada al sur de Turquía. Ankara expresó objeciones, al considerar que la iniciativa podría reforzar reclamos marítimos griegos.

Desde Atenas insisten en que el único tema que están dispuestos a negociar con Turquía es la delimitación de zonas marítimas, incluida la plataforma continental y una eventual zona económica exclusiva, y rechazan discutir cuestiones de soberanía sobre islas.
La falta de precisiones sobre qué áreas concretas podrían verse afectadas por la futura ampliación mantiene en alerta a la región. Cualquier avance en el Egeo no solo reavivaría un litigio histórico, sino que también pondría a prueba el equilibrio entre dos países clave del flanco oriental de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.