El 25 de mayo de 1825, Simón Bolívar recibió uno de los homenajes más singulares de su vida política. Desde Estados Unidos, la familia de George Washington, a través de su hijastro George Washington Parke Custis, le hizo llegar una serie de obsequios cargados de simbolismo. Entre ellos se encontraba un medallón con el retrato del héroe de Mount Vernon, concebido como un gesto de reconocimiento a la obra emancipadora del Libertador en América del Sur.
El intercambio no fue un acto protocolar aislado, sino una manifestación política con profundo contenido ideológico. Washington era ya entonces la figura fundacional del republicanismo norteamericano, y su familia veía en Bolívar a un continuador de ese legado en el hemisferio sur. El envío de los presentes buscaba subrayar una afinidad histórica entre dos procesos revolucionarios separados por la geografía, pero unidos por la causa de la libertad y la construcción de repúblicas.
El vínculo entre ambas figuras fue articulado por el marqués de Lafayette, protagonista central de la independencia estadounidense y veterano de la Revolución Francesa. Lafayette mantuvo correspondencia frecuente con Bolívar y actuó como intermediario en el envío de los obsequios, reforzando la idea de una comunidad de valores atlántica basada en el republicanismo, la soberanía popular y la ruptura con el dominio colonial.
En la carta que acompañó el envío, George Washington Parke Custis expresó su admiración por Bolívar y le pidió que aceptara las ofrendas como tributo a sus virtudes y a los servicios prestados a su patria y a la causa de la humanidad. Bolívar respondió con palabras de profundo respeto, afirmando que el honor superaba incluso sus más ambiciosas esperanzas y que recibir un símbolo de Washington constituía la más alta recompensa moral que podía concebir.

Desde entonces, Bolívar incorporó el medallón de Washington a su indumentaria de gala, llevándolo en el pecho como una señal visible de esa filiación simbólica. El objeto adquirió así un valor que trascendía lo personal: representaba la continuidad de un ideal republicano que cruzaba el continente y se proyectaba como horizonte político para las nuevas naciones americanas.
La iconografía posterior del Libertador, que en numerosos retratos lo muestra con el medallón, consolidó esa lectura histórica. El gesto no implicaba subordinación ni imitación, sino reconocimiento mutuo entre dos experiencias revolucionarias que, cada una a su manera, redefinieron el mapa político del hemisferio occidental.
Hoy recordamos a #SimonBolivar, quien portaba siempre un medallón con la imagen de George Washington b pic.twitter.com/4OySFwfHd6
— Embajada de los EE.UU., Venezuela (@usembassyve) December 17, 2014
Hoy, el medallón forma parte del patrimonio histórico venezolano y se conserva como testimonio material de aquel intercambio. Más allá de su valor museístico, el episodio recuerda que la independencia latinoamericana no fue un proceso aislado, sino parte de un diálogo político más amplio sobre libertad, república y autogobierno.
A dos siglos de distancia, la correspondencia entre la familia Washington y Simón Bolívar sigue ofreciendo una clave de lectura para entender los vínculos históricos entre América del Norte y del Sur. En ese medallón no solo se condensó un gesto de admiración personal, sino la idea de que las revoluciones americanas compartían un destino común: la construcción de sociedades libres fundadas en principios republicanos.