05/03/2026 - Edición Nº1122

Internacionales

Chile político

El malestar que no se va en Chile: la advertencia de Kathya Araujo que incomoda a Boric

19/01/2026 | La lectura de Kathya Araujo expone un trasfondo incómodo para el progresismo: las condiciones sociales que facilitaron el triunfo de Boric siguen activas.



La política chilena atraviesa una paradoja que incomoda especialmente a la izquierda: los gobiernos cambian, los liderazgos se renuevan, pero el malestar social permanece intacto. Los últimos ciclos electorales, lejos de clausurar esa tensión, dejaron al descubierto un problema más profundo: la incapacidad del progresismo para transformar una demanda difusa de cambio en respuestas institucionales estables.

Las variaciones en el voto, muchas veces leídas como giros ideológicos abruptos, esconden una continuidad social que la izquierda subestimó. No hubo un respaldo programático sólido, sino una expectativa de alivio frente a una vida cotidiana marcada por la inseguridad económica, la desprotección y la desconfianza hacia el Estado. Cuando esas expectativas no se materializaron, el apoyo se volvió frágil.

Chile 


Chile es un país largo y angosto que se extiende por el borde occidental de Sudamérica, con más de 6,000 km de costa en el océano Pacífico. Santiago, su capital, se ubica en un valle rodeado de los Andes y la cordillera de la Costa. En la Plaza de Armas de la ciudad, bordeada de palmeras, se encuentra la catedral neoclásica y el Museo de Historia Nacional.

La persistencia del malestar

Desde esta perspectiva, el concepto de “circuito del desapego”, desarrollado por Kathya Araujo, adquiere un sentido particularmente crítico. La socióloga describe un recorrido de desencanto, irritación y distanciamiento que no se interrumpe con el acceso al poder. Para la izquierda chilena, este diagnóstico revela un límite central: gobernar no fue suficiente para recomponer el vínculo entre ciudadanía e instituciones.

El problema no radica en un electorado errático, sino en una política que prometió más de lo que pudo —o supo— cumplir. Los resultados electorales contradictorios emergen de un mismo sustrato social frustrado, que vota buscando soluciones inmediatas y castiga rápidamente a quienes no logran ofrecerlas. La volatilidad, en este marco, expone el desgaste del relato progresista.

Los límites de la respuesta progresista

El riesgo estructural para la izquierda es persistir en una lectura defensiva del malestar. Discursos maximalistas, explicaciones moralizantes y la apelación constante a herencias o bloqueos externos pueden generar cohesión interna, pero no resuelven la experiencia cotidiana de abandono que atraviesa a amplios sectores sociales. Cada promesa incumplida profundiza el escepticismo.

La pregunta de fondo ya no es solo electoral. Es si la izquierda chilena está en condiciones de revisar su propio diagnóstico, asumir responsabilidades y reconstruir una oferta política creíble. Mientras el malestar siga sin cauce y la autocrítica sea parcial, Chile podrá votar distinto, pero seguirá sintiendo lo mismo.

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