La ciudad de Belém se ha convertido en un laboratorio involuntario del impacto cotidiano del cambio climático en las zonas urbanas tropicales. Lo que antes se percibía como una sucesión de veranos intensos hoy se consolida como una condición climática permanente, que atraviesa la vida social, económica y sanitaria de la capital paraense. La reiteración de jornadas con temperaturas extremas no solo altera rutinas, sino que redefine la relación de los habitantes con su propio territorio.
En este nuevo escenario, el calor deja de ser un fenómeno meteorológico aislado para transformarse en un factor estructural que condiciona decisiones individuales y colectivas. Desde los horarios de trabajo hasta el uso del espacio público, la ciudad se reorganiza bajo una lógica de adaptación forzada, en la que la resistencia física y social se vuelve un recurso cotidiano frente a un entorno cada vez más hostil.
Las respuestas institucionales al calor extremo han sido, hasta ahora, fragmentarias y desiguales. Si bien existen iniciativas orientadas a la ampliación de áreas verdes y al rediseño de espacios urbanos, estas políticas avanzan con lentitud frente a la magnitud del problema. La expansión desordenada de la ciudad y la reducción de la cobertura vegetal profundizan el efecto de las islas de calor, especialmente en los barrios más vulnerables.
Al mismo tiempo, la adaptación recae de manera desproporcionada en los individuos. Ventiladores, sistemas de refrigeración y modificaciones precarias en las viviendas se convierten en soluciones improvisadas ante la ausencia de una planificación urbana integral. Esta dinámica expone una brecha climática, donde la capacidad de mitigar el impacto del calor depende, en gran medida, del nivel socioeconómico.
25 años de desastre.
— Néstor Siurana (@NestorSiurana) January 16, 2026
Entre 2000 y 2025, los glaciares del Monte Kenia han sufrido una pérdida drástica y acelerada debido al cambio climático, con reducciones de más del 95% de su superficie.
Los glaciares se encuentran en riesgo de desaparecer por completo para 2030.
Esto… pic.twitter.com/gpqavPK6GS
Belém anticipa un escenario que podría replicarse en otras ciudades de la Amazonía y del norte brasileño. Los especialistas advierten que, sin cambios estructurales, el aumento sostenido de las temperaturas tenderá a consolidarse como una nueva normalidad urbana. La combinación entre calentamiento global, deforestación y urbanización acelerada configura un horizonte de alta vulnerabilidad climática.
Um temporal, que começou no fim da tarde, provocou muitos estragos e deixou pessoas desaparecidas em São Paulo. pic.twitter.com/hOuO5H9SlQ
— Band Jornalismo (@BandJornalismo) January 17, 2026
En este contexto, el debate deja de centrarse en cómo resistir el calor y pasa a enfocarse en cómo rediseñar las ciudades para sobrevivir a él. El caso de Belém expone con claridad que el cambio climático ya no es una proyección futura, sino una realidad presente que exige decisiones políticas, urbanísticas y sociales de largo plazo.