17/01/2026 - Edición Nº1075

Internacionales

Nuevo desorden global

Trump, Putin y Groenlandia: la OTAN atrapada en su propia contradicción

17/01/2026 | Estados Unidos tensiona la alianza que creó, Europa se debilita y Rusia observa. Groenlandia emerge como pieza clave de un tablero donde el nuevo orden mundial se construye más por fractura que por consenso.



Estados Unidos creó la OTAN para garantizar el orden occidental después de la Segunda Guerra Mundial. Hoy, ese mismo país —bajo la lógica de Donald Trump— podría convertirse en el factor que acelere su desgaste interno. No por un ataque externo, sino por una contradicción imposible de resolver: ¿qué ocurre cuando el principal garante del sistema empieza a desobedecer sus propias reglas?

La obsesión de Trump con Groenlandia, lejos de ser una excentricidad, expone una mutación profunda del poder global. No se trata de diplomacia, ni de alianzas, ni de valores compartidos. Se trata de territorio, recursos, control estratégico y fuerza. Y en ese escenario, tanto Trump como Vladimir Putin aparecen como beneficiarios de un desorden cuidadosamente funcional a sus intereses.

Europa, mientras tanto, observa cómo el mundo que ayudó a construir se le escapa de las manos.

La OTAN: el pilar que sostiene a Occidente

La Organización del Tratado del Atlántico Norte no es solo una alianza militar: es la arquitectura política y estratégica que sostuvo el dominio occidental durante más de siete décadas. Estados Unidos no es un socio más: es su creador, su financista y su músculo militar.

El principio que la sostiene es simple y contundente: un ataque contra uno es un ataque contra todos. Esa lógica permitió contener a la Unión Soviética, integrar a Europa del Este tras la Guerra Fría y frenar la expansión rusa en el siglo XXI. Sin la OTAN, Europa no tiene defensa autónoma real. Y sin Estados Unidos, la OTAN es apenas una sigla.

Groenlandia: hielo, recursos y poder

Groenlandia no es un capricho geográfico. Es una de las piezas estratégicas más codiciadas del siglo XXI.

Controla el acceso al Ártico, la nueva frontera comercial y militar del mundo. Concentra recursos naturales clave, desde minerales raros hasta potencial energético. Alberga bases militares fundamentales para el sistema de defensa estadounidense. Y conecta América del Norte, Europa y Rusia en un mismo eje estratégico.

Cuando Trump habla de Groenlandia, no habla de comprar territorio: habla de control. De asegurarse una ventaja directa frente a Rusia y China, sin intermediarios europeos.

El problema central: Groenlandia es territorio OTAN.

Aquí aparece la grieta estructural.

Groenlandia pertenece a Dinamarca. Dinamarca es miembro pleno de la OTAN. Si Estados Unidos presiona, avanza o actúa unilateralmente sobre ese territorio, no desafía a un país menor: desafía el corazón mismo de la alianza que lidera.

La paradoja es brutal:

  • Estados Unidos es el garante de la OTAN.
  • Pero también puede convertirse en quien la vacíe de sentido político.

¿Quién sanciona al hegemón?

¿Quién activa el principio de defensa colectiva contra su creador?

La respuesta es tan incómoda como evidente: nadie.

Europa: entre la irrelevancia y la supervivencia

Europa ya no es el centro del mundo. Es un espacio fragmentado, dependiente y sin liderazgo estratégico unificado. La guerra en Ucrania expuso su debilidad militar. Las crisis económicas y políticas revelaron su fragilidad interna.

El giro de países como Italia, bajo el liderazgo de Giorgia Meloni, hacia Asia y otros polos de poder no es ideológico: es pragmático. Europa busca socios porque ya no puede imponer reglas. Solo intenta no quedar afuera del nuevo reparto global.

Putin: el beneficiado que no necesita avanzar

Vladimir Putin no necesita conquistar más territorio para ganar. Necesita algo más simple: que la OTAN se fracture desde adentro.

Si la alianza pierde cohesión, legitimidad y autoridad moral, Rusia gana margen de maniobra sin disparar un solo misil. Cada tensión interna, cada contradicción estadounidense, cada duda europea es una victoria silenciosa para Moscú.

La OTAN fue diseñada para frenar a Rusia. Hoy, su debilitamiento es el mejor regalo estratégico que Putin podría recibir.

Trump y Putin: arquitectos del nuevo desorden

Trump gana control territorial y libertad de acción. Putin gana tiempo, espacio y desgaste occidental. Europa pierde centralidad. Asia observa, espera y avanza.

No es el fin del mundo occidental, pero sí el fin de su ilusión de coherencia. El nuevo orden no se construye con consensos, sino con fracturas. No se organiza alrededor de valores, sino de poder.

Y en ese tablero, Groenlandia no es una isla perdida en el hielo. Es el síntoma de una época: cuando las reglas estorban, los arquitectos del desorden prefieren romperlas.