El gobierno de Cuba transformó el homenaje a 32 de sus soldados y agentes de seguridad en una señal política directa a Estados Unidos, en un contexto regional marcado por la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y el avance de la ofensiva judicial y militar contra el chavismo.
Las ceremonias se realizaron en La Habana, donde los cuerpos fueron trasladados con honores militares al Ministerio de las Fuerzas Armadas. Familiares, compañeros de armas y autoridades participaron de un acto cargado de simbolismo, que fue acompañado por convocatorias públicas y manifestaciones organizadas por el Estado cubano.

Según la información oficial, los fallecidos integraban el dispositivo de seguridad personal de Nicolás Maduro y murieron durante una operación militar de Estados Unidos en Caracas. El operativo culminó con la captura del mandatario, quien fue trasladado a Nueva York para enfrentar cargos federales vinculados al narcotráfico.
Más allá del funeral central, el gobierno cubano impulsó actos conmemorativos en distintos municipios del país y una protesta frente a la embajada estadounidense en La Habana, en un gesto que buscó amplificar el mensaje hacia el exterior y reforzar el discurso de confrontación con Washington.

Desde La Habana se subrayó que se trata de la mayor cantidad de combatientes cubanos muertos en una acción directa del ejército estadounidense desde la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, el fallido intento por derrocar al gobierno de Fidel Castro, un episodio que sigue ocupando un lugar central en la memoria política de la isla.
El episodio vuelve a poner bajo la lupa el alcance de la presencia cubana en Venezuela, particularmente en áreas sensibles como la inteligencia y la seguridad presidencial, y profundiza el deterioro del vínculo entre Cuba y Estados Unidos en un escenario regional cada vez más volátil.
Mientras continúan las reacciones diplomáticas y las lecturas políticas del operativo, el homenaje en La Habana marca un nuevo punto de inflexión en la relación entre ambos países y deja abiertas interrogantes sobre las consecuencias que este episodio tendrá en el equilibrio de poder en América Latina.