23/01/2026 - Edición Nº1081

Internacionales

Presión global

Trump, Groenlandia y los aranceles: cuando el comercio se convierte en arma política

17/01/2026 | Mientras redefine la “paz” como herramienta de intervención y tensiona a la OTAN con Groenlandia, Donald Trump profundiza una estrategia donde los aranceles reemplazan a la diplomacia y el poder se impone sin consenso.



Donald Trump no piensa la política internacional como un sistema de reglas compartidas, sino como una relación de fuerzas. En ese esquema, la diplomacia tradicional es lenta, el multilateralismo es incómodo y los consensos son prescindibles. Lo que importa es la capacidad de presión. Y cuando la persuasión falla, entra en juego el instrumento más eficaz: el castigo económico.

La decisión de imponer aranceles del 10% a partir de febrero —con la amenaza de elevarlos al 25%— a varios países europeos vinculados a Groenlandia no es una medida comercial aislada. Es una jugada geopolítica directa, pensada para forzar decisiones políticas mediante impacto económico. Trump no negocia: condiciona.

Groenlandia como eje del nuevo conflicto

Groenlandia vuelve a ocupar el centro del tablero global. No por su población ni por su peso político, sino por su valor estratégico: control del Ártico, rutas marítimas emergentes, recursos minerales críticos y posición clave en la defensa hemisférica.

Trump ya dejó en claro que considera a Groenlandia un interés vital para Estados Unidos. Ante la resistencia europea a avanzar en cualquier tipo de cesión o acuerdo, el método cambia: de la presión diplomática al castigo económico. Los aranceles funcionan como un ultimátum encubierto.

El mensaje es simple y brutal: quien no coopera con la estrategia estadounidense, paga el costo.

El comercio deja de ser intercambio

En este nuevo esquema, el comercio internacional deja de ser un espacio de beneficio mutuo y se transforma en un instrumento de disciplinamiento político. Los aranceles ya no buscan proteger industrias nacionales: buscan doblegar voluntades.

Trump redefine así una lógica central del orden global: no hace falta intervenir militarmente ni construir coaliciones internacionales. Alcanza con cerrar mercados, encarecer exportaciones y presionar economías dependientes.

Es una forma de guerra sin misiles, pero con efectos reales.

Europa: aliada, pero vulnerable

La Unión Europea recibe el golpe en un momento de debilidad estructural. Fragmentada, con dificultades para articular una política exterior común y altamente dependiente del mercado estadounidense, Europa queda atrapada en una relación claramente asimétrica.

Aliada histórica, sí. Pero cada vez menos indispensable.
Trump no discute valores compartidos ni alianzas estratégicas: discute términos.

La amenaza arancelaria deja al descubierto una verdad incómoda: la alianza atlántica ya no funciona como vínculo entre pares, sino como una relación donde uno impone condiciones y el otro intenta amortiguar daños.

El hilo conductor del nuevo desorden

Esta jugada no puede leerse de manera aislada. Se conecta directamente con otras decisiones recientes de Trump: la creación del Board of Peace, donde la paz se redefine como permiso para intervenir, y la tensión deliberada sobre la OTAN a partir del caso Groenlandia.

El patrón es claro:
    •    La paz legitima
    •    El comercio castiga
    •    El poder decide

No se trata de caos, sino de un orden distinto, más crudo, menos institucional y profundamente unilateral. Un orden donde las reglas existen solo mientras sirvan a los intereses del actor dominante.

Quién gana en este esquema

Mientras Europa intenta responder sin romper definitivamente el vínculo con Washington, otros actores observan atentamente. Rusia entiende que cada golpe económico sobre Europa debilita al bloque occidental. Asia toma nota del método: presión constante, sin guerra declarada, sin intermediarios.

Trump no necesita convencer al mundo. Le alcanza con demostrar que puede hacer pagar el precio de la resistencia.

En este nuevo tablero global, la pregunta ya no es qué es justo.
La pregunta es cuánto cuesta decir que no.