Entre el 19 y el 23 de enero, Davos vuelve a reunir a buena parte del poder político y económico del mundo, y Javier Milei viaja con la decisión explícita de usar esa escena como plataforma personal. El Presidente parte el lunes rumbo a Zúrich y de ahí a la ciudad suiza, acompañado por Karina Milei, Luis Caputo y el canciller Pablo Quirno. En la propia Casa Rosada describen el viaje como una oportunidad para consolidarlo como “referente de la derecha liberal” y reforzar su proyección internacional tras un fin de año atravesado por tensiones internas y parlamentarias.
El momento central será el miércoles, a las 11.45 hora argentina, cuando Milei tenga un discurso especial de unos 30 minutos en un panel titulado “¿Cómo podemos cooperar en un mundo más disputado?”. Según adelantaron su entorno y varios medios, trabaja sobre un texto largo –se habló de un borrador de 25 páginas– que retoma su núcleo ideológico: defensa del capitalismo y el libre comercio, elogio de la familia y las tradiciones, crítica frontal al intervencionismo estatal y a la llamada “ideología woke”. La apuesta es repetir el impacto que tuvieron sus intervenciones de 2024 y 2025, aun a costa de volver a despertar protestas de colectivos feministas y LGBTIQ+.
Antes de subir al escenario, Milei tiene pautado un encuentro con CEOs de bancos globales y un mano a mano con “un emprendedor muy importante”, cuya identidad el Gobierno cuida como parte del suspenso de la gira. El martes concentrará entrevistas con medios internacionales y el miércoles sumará un saludo formal, con foto incluida, con el presidente de Suiza, Guy Parmelin. En paralelo, Caputo y Quirno buscan completar una agenda propia con fondos de inversión, funcionarios del G7 y organismos multilaterales, con la posibilidad abierta de un contacto con la titular del FMI, Kristalina Georgieva. La consigna es presentar a la Argentina como destino “seguro y estable” para el capital luego del acuerdo Mercosur–UE y del ajuste interno.
En la previa, el Gobierno lee Davos como un capítulo más de la “batalla cultural” que Milei viene intentando dar fuera de Argentina. Puertas adentro admiten que la edición 2024 del foro fue “fundacional” para su perfil internacional: lo mostró como un presidente dispuesto a cuestionar al propio Foro Económico Mundial y a presentarse como voz disonante en materia de agenda de género, cambio climático y regulaciones. Esta vez la idea es insistir en ese lugar, pero combinándolo con un mensaje más clásico para los inversores: disciplina fiscal, apertura comercial y promesa de reglas de juego estables.
Davos, en ese esquema, funciona menos como una cumbre económica y más como un escenario donde Milei ensaya su doble rol: predicador libertario para la galaxia conservadora global y vendedor de un país que, tras un año de ajuste, busca financiamiento e inversiones. Lo que ocurra en el auditorio suizo –el tono del discurso, las fotos que se consigan, las reuniones que efectivamente se concreten– será leído tanto afuera como adentro: como un capítulo más de la construcción de un liderazgo ideológico y como un test sobre cuánto puede rendir, en términos materiales, una estrategia que convierte cada foro internacional en una tribuna para las “ideas de la libertad”.