La imagen volvió a llamar la atención incluso dentro del propio oficialismo. Durante una reunión de gabinete realizada en diciembre en la Quinta de Olivos, en medio de jornadas típicamente veraniegas en Buenos Aires, el presidente Javier Milei apareció vestido con su ya característico mameluco de YPF, mientras varios de los funcionarios que lo rodeaban lucían camperas, pulóveres y prendas de abrigo.
Entre ellos se pudo ver al ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, y a Diego Santilli, ambos con ropa invernal, además de otro integrante del equipo con un pulóver apoyado sobre los hombros. La escena contrastó de manera evidente con el contexto climático y quedó registrada durante un encuentro clave de cierre de año y definición de la agenda política para 2026.
Con el mameluco de YPF, como corresponde. pic.twitter.com/bhP7ADdnlu
— El Peluca Milei (@ElPelucaMilei) May 24, 2025
Lejos de tratarse de un episodio aislado, la postal se repite desde el inicio de la gestión. Milei mantiene la costumbre de vestir ropa de abrigo aun en días de altas temperaturas, tanto en actividades públicas como en reuniones privadas. A esto se suma el uso frecuente del aire acondicionado a niveles muy bajos en despachos oficiales y espacios cerrados, generando un clima artificial que obliga a colaboradores, funcionarios y visitantes a adaptarse al frío interior, incluso cuando el calor exterior es extremo.

El mameluco de YPF se consolidó como una marca personal del Presidente. Milei lo presenta como una prenda funcional y como símbolo de una lógica de trabajo permanente, asociada a la productividad y al esfuerzo continuo. Esa insistencia estética refuerza una imagen reconocible y coherente con su discurso, aunque también abre interrogantes sobre la rigidez de ciertos hábitos personales trasladados al ejercicio del poder, sin atender al contexto o a las condiciones ambientales.

Más allá de lo simbólico, la dinámica tiene consecuencias concretas. El uso intensivo del aire acondicionado en meses de alta demanda energética –en un contexto de cortes de luz cada vez más frecuentes y prolongados- no se da la mano con el discurso de austeridad con que se inició la gestión libertaria. Por otro lado, los cambios bruscos de temperatura generan incomodidad física, sudoración y malestar recurrente entre quienes participan de la agenda oficial.
Se abriga en pleno verano, no toma vacaciones, es soltero y convive con cuatro perros, mientras vive en una habitación acondicionada a partir de la antigua pieza de herramientas de la residencia presidencial: rasgos que terminan de delinear a Javier Milei como un presidente que rompe con casi todos los moldes conocidos de la política argentina.

La historia nacional conoció otros mandatarios poco convencionales: Hipólito Yrigoyen, con su vida reservada y su distancia ritual del poder; Arturo Illia, austero hasta el extremo; y Juan Domingo Perón, que en su primer gobierno solía moverse sin estridencias en la célebre “pochoneta”, desafiando los protocolos presidenciales de la época.
GZ