La relación entre la Argentina e Irán sumó un nuevo capítulo de tensión luego de que el gobierno de Javier Milei resolviera declarar organización terrorista a la Fuerza Quds, el brazo externo del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní. La decisión fue rechazada con dureza por Teherán, que advirtió que la medida tendrá consecuencias y que nuestro país “sin duda recibirá una respuesta adecuada”.
La reacción fue expresada por Ismail Baghaei, portavoz del Ministerio de Exteriores de Irán, quien sostuvo que “etiquetar como terrorista a una parte de las fuerzas armadas oficiales de un país es inaceptable desde el punto de vista del derecho internacional” y calificó la decisión argentina como “peligrosa desde el punto de vista político”. Las declaraciones marcaron un tono inusualmente severo en la respuesta iraní y dejaron abierta la incógnita sobre el alcance de las eventuales represalias diplomáticas.
La Argentina incorporó a la Fuerza Quds y a 13 de sus integrantes al registro nacional de organizaciones terroristas y volvió a responsabilizar al grupo por su presunta participación en los atentados contra la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994, que dejaron un saldo de más de un centenar de muertos. La medida se alinea con la decisión adoptada previamente por Estados Unidos, que hizo lo propio en relación a Fuerza Quds en 2007.
La Fuerza Quds es una unidad de élite creada tras la Revolución Islámica de 1979, bajo el liderazgo del ayatolá Ruholá Jomeiní. Cumple funciones de proyección externa, inteligencia y apoyo a grupos aliados de Irán en Medio Oriente y otras regiones. Su rol ha sido objeto de sanciones y controversias internacionales durante décadas.
El cruce diplomático reaviva un vínculo históricamente conflictivo entre Buenos Aires y Teherán, atravesado por las causas judiciales aún abiertas por los atentados terroristas y por desacuerdos persistentes en foros internacionales. La advertencia iraní agrega un nuevo foco de atención a la política exterior argentina y abre un escenario de incertidumbre sobre la evolución de la relación bilateral en los próximos meses.
La relación bilateral entre Argentina e Irán atravesó desde sus inicios un recorrido irregular, marcado por vínculos diplomáticos formales pero de bajo perfil. Esto cambió a fines del siglo XX, a partir de los atentados terroristas que sufrieron entidades judías en Buenos Aires (1992 y1994), que colocaron a Irán en el centro de las investigaciones judiciales argentinas.
Desde entonces, el vínculo quedó condicionado por pedidos de captura internacional, acusaciones de encubrimiento y una desconfianza persistente. El punto más controvertido llegó en 2013, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, con la firma del Memorándum de Entendimiento, presentado como un intento de destrabar la causa AMIA pero duramente cuestionado por la oposición, la comunidad judía y parte del Poder Judicial, hasta ser declarado inconstitucional.
GZ