Durante la primera mitad del siglo XX, los submarinos ya eran una herramienta clave en la guerra naval, pero tenían límites evidentes. Dependían de motores diésel, necesitaban salir a la superficie con frecuencia y su autonomía era reducida. Bajo el agua, el tiempo siempre jugaba en su contra.
Ese límite desapareció el 21 de enero de 1954, cuando Estados Unidos presentó y lanzó al mar el USS Nautilus, el primer submarino impulsado por energía nuclear. No fue solo un nuevo buque: fue una ruptura total con la lógica naval existente.

El lanzamiento del Nautilus se produjo en plena Guerra Fría, un período marcado por la rivalidad entre potencias, el temor a una guerra global y la búsqueda constante de ventaja estratégica. En ese escenario, el control de los océanos era tan importante como el dominio del aire o del espacio.
La energía nuclear, desarrollada inicialmente con fines bélicos durante la Segunda Guerra Mundial, comenzó a ser aplicada a la propulsión naval como una forma de extender el alcance y la supervivencia de los submarinos. La clave fue un reactor nuclear compacto, capaz de generar enormes cantidades de energía sin necesidad de oxígeno. A diferencia de los motores convencionales, el reactor permitía al submarino:
Permanecer sumergido durante meses
Recorrer distancias prácticamente ilimitadas
Mantener velocidades sostenidas bajo el agua
Reducir drásticamente la necesidad de emerger
Esto transformó al submarino en una plataforma invisible y persistente, mucho más difícil de detectar y neutralizar.
El Nautilus demostró rápidamente su potencial. En 1958, logró navegar bajo el hielo del Ártico, una hazaña impensada hasta entonces, que evidenció que los océanos ya no tenían fronteras naturales. A partir de ese momento, el submarino dejó de ser solo un arma táctica y pasó a convertirse en un instrumento estratégico, capaz de operar en silencio, durante largos períodos y lejos de cualquier base.

El desarrollo de submarinos nucleares cambió el equilibrio militar mundial. Permitió:
El despliegue oculto de armamento estratégico
La creación de fuerzas de disuasión casi indetectables
Una nueva carrera tecnológica entre potencias
Con el tiempo, estos submarinos se integraron al núcleo de la disuasión nuclear, al poder lanzar ataques desde ubicaciones desconocidas, lo que modificó profundamente la lógica de la seguridad internacional.
Más de setenta años después, los submarinos nucleares siguen siendo uno de los activos militares más sensibles y estratégicos del planeta. Operan lejos de las cámaras, pero influyen de manera decisiva en el cálculo político y militar de las grandes potencias. El USS Nautilus no solo inauguró una nueva tecnología. Introdujo una forma distinta de pensar la guerra, el poder y la vigilancia global, demostrando que, a veces, los cambios más profundos ocurren en silencio y bajo el agua.