La ciudad de Comodoro Rivadavia vuelve a enfrentarse a la fragilidad de su suelo. Durante la madrugada de este domingo, un desplazamiento de gran magnitud en el cerro Hermitte transformó la zona norte en una emergencia total.

El fenómeno forzó la evacuación de más de 260 familias de los barrios Sismográfica y El Marquesado. El desastre dejó viviendas reducidas a escombros y una profunda angustia en la comunidad, que debió huir en medio de la oscuridad.
El episodio se desencadenó minutos después de la medianoche. En medio de un corte de luz general, los vecinos sintieron cómo la tierra cedía bajo sus pies, escuchando crujidos estructurales en sus propias casas. "Mi casa se abrió por la mitad", relató uno de los damnificados. Decenas de familias vieron cómo sus hogares sufrían grietas profundas, colapsos de techos y hundimientos de cimientos en cuestión de pocos minutos.

El intendente de la ciudad, Othar Macharashvili, no dudó en definir la situación como una "catástrofe". Destacó que no hubo víctimas fatales gracias al monitoreo previo que permitió actuar con rapidez ante los primeros signos. Los evacuados fueron trasladados inicialmente al Club Talleres y luego al Hotel Deportivo. Actualmente, se dictó el cierre del área por 48 horas debido a la inestabilidad persistente en el extremo sureste del cerro.
El gobernador de Chubut, Ignacio “Nacho” Torres, y el Estado nacional ya coordinan asistencia material y económica. El objetivo es brindar soluciones particulares según el nivel de daño sufrido por cada grupo familiar.

Este nuevo deslizamiento pone otra vez en agenda la vulnerabilidad geológica de la región. La pérdida de estabilidad del terreno, muchas veces agravada por factores climáticos o la falta de vegetación protectora, convierte a las laderas en amenazas latentes para la infraestructura urbana.
Actualmente, equipos de Defensa Civil y geólogos trabajan en el lugar para determinar si el movimiento ha cesado o si existe riesgo de un desplazamiento secundario que afecte a más viviendas. Para las 90 familias desplazadas, la prioridad ahora no es solo el techo temporal, sino la incertidumbre de saber si algún día podrán volver a pisar el suelo que alguna vez llamaron hogar.