El debut territorial de Leonel Chiarella como presidente del Comité Nacional de la UCR tuvo escala en una provincia simbólica y políticamente incómoda para el radicalismo: Córdoba. Allí, en Cruz del Eje, encabezó el homenaje al expresidente Arturo Illia, pero el acto terminó funcionando como una radiografía bastante precisa del estado interno del partido.
El intendente de Venado Tuerto llegó acompañado por la secretaria general nacional de la UCR, Piera Fernández, y compartió la actividad con la dirigencia local, entre ellos Leandro Illia, hijo del exmandatario, y el intendente anfitrión Renato Raschetti. También participaron dirigentes provinciales como Ramón Mestre, el legislador Fernando Luna y varios intendentes del interior cordobés.
Sin embargo, más que las presencias, fueron las ausencias las que marcaron el clima político. No estuvieron ni el diputado nacional Rodrigo de Loredo ni el presidente de la UCR Córdoba, Marcos Ferrer, dos figuras centrales del armado partidario provincial. La falta de un gesto hacia el nuevo titular del partido a nivel nacional no pasó desapercibida entre los asistentes.
“No debe haber buena onda: Chiarella es hombre del riñón de Pullaro y cercano a Martín Lousteau”, deslizó un dirigente radical cordobés, sintetizando una de las lecturas más repetidas durante el encuentro.
El malestar interno también quedó expuesto por los pases de factura cruzados entre sectores. Algunos cuestionaron la presencia de figuras vinculadas al cordobesismo, como la vicegobernadora Myrian Prunotto, mientras que otros reprocharon la falta de invitaciones formales a referentes territoriales. “Soy radical, no necesito que me inviten”, lanzó sin rodeos un dirigente histórico que igualmente decidió asistir.
En ese contexto, el discurso más filoso fue el del legislador Fernando Luna, quien apuntó directamente contra los acuerdos políticos por fuera del partido. “¿Qué hace un cura en un acto radical? ¿Y qué hacen tantos peronistas en un acto radical?”, ironizó al inicio de su intervención, en alusión a sectores que vienen confluyendo con el oficialismo provincial.
Durante su mensaje, Chiarella evitó involucrarse explícitamente en la interna cordobesa, pero dejó definiciones que funcionan como posicionamiento político. Reivindicó el rol del Estado, defendió la identidad radical y cuestionó el relato libertario que demoniza la gestión pública. “Arturo Illia nos enseñó que se puede gobernar con honestidad, eficiencia y compromiso con el interés público”, afirmó.
El trasfondo del paso de Chiarella por Córdoba excede el homenaje institucional. La nueva conducción nacional de la UCR busca reconstruir identidad partidaria, ordenar la estructura y evitar que el radicalismo quede diluido en alianzas circunstanciales dominadas por otros espacios, como ocurre en varias provincias. La discusión es estratégica: autonomía partidaria o subordinación táctica.
En Córdoba, esa tensión se expresa con mayor crudeza. Con un radicalismo territorialmente fuerte pero políticamente fragmentado, el homenaje a Illia funcionó como excusa y escenario para una disputa que ya está en marcha. Las ausencias, los gestos y los discursos dejaron una señal clara: la interna está abierta y el reordenamiento del partido será inevitable.