Los Reyes de España se encuentran este lunes en Grecia participando de los homenajes a la princesa Irene de Grecia, fallecida el pasado jueves 15 de enero a los 83 años, en un contexto marcado tanto por el duelo familiar como por la conmoción en España tras el grave accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, Córdoba.
Desde territorio griego, los monarcas trasladaron sus condolencias a los familiares y amigos de las personas fallecidas en el siniestro y expresaron todo su apoyo a los heridos, además de agradecer el trabajo incansable de los servicios de emergencia y la solidaridad de los vecinos que colaboraron desde las primeras horas posteriores al choque. El mensaje buscó subrayar la cercanía institucional en medio de una tragedia que sacudió al país.
El pronunciamiento llegó un día después de que Felipe VI y Letizia, junto a la Princesa de Asturias, la Infanta Sofía y la Reina Sofía, asistieran en Madrid al responso por la princesa Irene, celebrado en la Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio.
La princesa Irene de Grecia y Dinamarca fue la hija menor de los reyes Pablo I y Federica de Grecia y hermana del rey Constantino II, último monarca heleno, y de la reina Sofía de España. Nacida en Ciudad del Cabo durante el exilio de la familia real griega, su vida estuvo marcada por los vaivenes políticos que atravesó Grecia a lo largo del siglo XX.
De perfil reservado y alejado del protagonismo público, Irene nunca contrajo matrimonio ni tuvo descendencia. Durante décadas residió en España, donde mantuvo una relación muy estrecha con la reina Sofía, con quien compartió vivienda y una intensa vida familiar. Fue una figura clave en la intimidad de la Casa Real, especialmente tras la abolición de la monarquía en Grecia y el exilio definitivo de su familia.

Interesada por la filosofía, la espiritualidad y la cooperación internacional, la princesa participó en iniciativas culturales y solidarias, aunque siempre desde un segundo plano. Su discreción y su lealtad familiar la convirtieron en una presencia constante pero silenciosa en los momentos más delicados de la historia reciente de las casas reales griega y española.
El responso celebrado en Madrid reunió a miembros de la realeza europea, representantes diplomáticos y allegados, en una ceremonia sobria acorde al carácter de la princesa. Tras ese acto, la familia viajó a Grecia, donde continúan los homenajes y despedidas en un marco más íntimo y simbólico para la dinastía helena.
Desde allí, el mensaje de los Reyes sobre el accidente ferroviario adquirió un peso particular, al producirse en medio del duelo personal y los compromisos internacionales. El gesto fue interpretado como una señal de empatía institucional, que buscó acompañar a la sociedad española aun estando fuera del país.
La jornada dejó así una imagen doble: la de una familia real despidiendo a una figura clave de su historia privada y, al mismo tiempo, la de una Jefatura del Estado atenta a una tragedia nacional que mantiene a España en vilo.