25/01/2026 - Edición Nº1083

Internacionales

Estado confesional en Europa

Un príncipe católico ante el Papa: la fe que marca decisiones en Mónaco

20/01/2026 | Alberto de Mónaco fue recibido por León XIV en el Vaticano, en un principado donde el catolicismo es religión oficial y condiciona la política



El Papa León XIV recibió en audiencia al Príncipe Alberto II de Mónaco en el Palacio Apostólico del Vaticano, en un encuentro que combinó diplomacia, diálogo político y una dimensión religiosa profundamente arraigada en la historia del principado.

Tras la audiencia papal, el jefe de Estado monegasco mantuvo una reunión con Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales. Según informó la Santa Sede, las conversaciones se desarrollaron en un clima cordial y sirvieron para ratificar las buenas relaciones bilaterales entre el Vaticano y el Principado de Mónaco.

Durante el encuentro se destacó la histórica contribución de la Iglesia católica a la vida social del principado, un aspecto central en un país que, a diferencia de la mayoría de los Estados europeos, mantiene al catolicismo como religión oficial por mandato constitucional. Esa condición no es meramente simbólica, sino que sigue teniendo impacto en la organización institucional y en determinadas decisiones políticas.

En la agenda también se abordaron temas de interés común, como la protección del medio ambiente, la ayuda humanitaria y la defensa y promoción de la dignidad humana, ejes que forman parte tanto del discurso del Vaticano como de la proyección internacional del principado, especialmente en cuestiones vinculadas al desarrollo sostenible y la cooperación internacional.

El diálogo incluyó además un intercambio de puntos de vista sobre la situación internacional, con especial atención a los desafíos en materia de paz y seguridad, y a los conflictos abiertos en Oriente Medio y diversas regiones de África, áreas que concentran actualmente la preocupación diplomática de la Santa Sede.

A diferencia de otros monarcas europeos, cuyo rol es mayormente ceremonial, el soberano monegasco conserva atribuciones reales en el proceso legislativo. En ese marco, la negativa del príncipe a firmar en 2025 una ley de despenalización del aborto no fue un gesto aislado, sino una manifestación coherente con el carácter confesional del Estado que encabeza y con una concepción del poder donde la fe sigue teniendo peso institucional.

La audiencia con el Papa León XIV refuerza esa identidad. En un escenario internacional donde religión y política suelen presentarse como esferas separadas, el Principado de Mónaco aparece como una excepción persistente. El principado no oculta esa definición, sino que la asume como parte de su historia y de su presente institucional.

Más allá del tamaño del país, el caso monegasco vuelve relevante un debate que atraviesa a Europa y al mundo occidental: el lugar de los valores religiosos en sociedades que, en teoría, se definen como seculares. La visita del príncipe al Vaticano no reabre solo una relación diplomática, sino una discusión de fondo sobre poder, creencias y los límites en el ejercicio del gobierno.

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