En la política mendocina empezó a correrse una certeza incómoda para el oficialismo: todavía falta para 2027, pero la sucesión de Alfredo Cornejo ya se discute puertas adentro. No hay lanzamientos públicos ni proclamaciones formales, pero sí conversaciones reservadas, mediciones de imagen y movimientos que delatan que la carrera empezó antes de lo que muchos admiten en voz alta.
En el entorno del gobernador repiten que “no hay apuro”, aunque reconocen por lo bajo que el próximo candidato deberá cumplir una condición decisiva: ser competitivo dentro de una eventual alianza con La Libertad Avanza. Ese dato, por sí solo, ordena y condiciona toda la interna.
Uno de los nombres que aparece con mayor naturalidad es el del intendente de la Ciudad de Mendoza, Ulpiano Suarez. Lleva años construyendo perfil provincial, no tiene reelección municipal y conserva una imagen positiva sólida incluso fuera del electorado propio. Es visto como un dirigente moderado, con buen diálogo transversal, aunque sus matices frente al gobierno de Javier Milei generan recelos en los sectores más alineados con la Casa Rosada.
Otro que empezó a ganar volumen es Tadeo García Zalazar, ministro de Educación y dirigente formado políticamente por el propio Cornejo. Exintendente de Godoy Cruz, con perfil técnico, manejo territorial y bajo nivel de rechazo, es una opción que entusiasma al núcleo duro del cornejismo. Su principal incógnita no es política sino electoral: cuánto mide fuera del círculo dirigente y qué potencial real tiene cuando empiece el clima de campaña.
El tercer actor es imposible de ignorar. Luis Petri, hoy alineado con La Libertad Avanza, conserva peso propio en Mendoza y buenos números en encuestas. Sin embargo, su vínculo con la estructura territorial de Cambia Mendoza es frío, cuando no directamente tenso. Intendentes y funcionarios provinciales desconfían de su armado, aunque admiten que un candidato bendecido por Milei podría alterar cualquier cálculo previo.
Detrás de los nombres se esconde la discusión real: la estrategia política del oficialismo mendocino. ¿Conviene seguir atado a la suerte del Presidente o construir una identidad provincial propia por si el clima económico cambia?
Hoy, en Casa de Gobierno creen que mientras la inflación siga a la baja y la estabilidad económica se sostenga, la alianza con La Libertad Avanza seguirá siendo rentable. Pero nadie se anima a proyectar ese escenario con seguridad a dos años vista. Y esa duda es la que vuelve más sensible cada movimiento interno.
Por ahora no hay definiciones formales, pero sí una certeza política: el cornejismo ya dejó de preguntarse si habrá sucesión y empezó a discutir quién la encarna mejor y bajo qué alianza. Cuando esa conversación empieza a tomar cuerpo, la campaña —aunque nadie la blanquee— ya está en marcha.