El mercado de pases en el fútbol argentino es una disciplina en sí misma, donde la ilusión del hincha suele chocar de frente con la cruda realidad financiera de las instituciones. Para River, cada receso veraniego implica una danza de nombres rutilantes que, tras semanas de negociaciones y portadas de diarios, terminan realizándose o esfumándose por diferencias económicas.
Estas historias, conocidas como "novelas de verano", han dejado en el camino a figuras que hoy brillan en la élite mundial o que tomaron rumbos inesperados en sus carreras.
Uno de los casos más emblemáticos ocurrió en el verano de 2019, cuando un joven Luis Díaz deslumbraba en Junior de Barranquilla y estaba en el radar directo de Marcelo Gallardo. La dirigencia colombiana fue tajante al exigir diez millones de dólares por la totalidad del pase o seis millones por el sesenta por ciento, cifras inalcanzables para un River que aún no tenía sponsor en su pecho y sufría una devaluación del peso superior al sesenta por ciento. Finalmente, el millonario estiró su oferta hasta los cinco millones por el setenta por ciento de la ficha, pero ante el rechazo rotundo, terminó fichando a Jorge Carrascal por 3.5 millones de euros.

Apenas dos años después, la obsesión del "Muñeco" se centró en Valentín Castellanos para jerarquizar el ataque ante la inminente salida de Julián Álvarez. Aunque el club estuvo dispuesto a desembolsar la impactante cifra de doce millones de dólares, la operación se terminó hundiendo por una cuestión de ingeniería financiera. El City Group, dueño de su pase, exigía garantías y plazos que la tesorería de River no pudo convalidar al proponer un plan de cuotas demasiado extenso para las pretensiones del grupo empresario.

En ese mismo mercado de 2022, el nombre de Facundo Farías aparecía como la gran joya del fútbol local que podía heredar la camiseta de la "Araña". Las gestiones con Colón de Santa Fe fueron intensas y desgastantes, marcadas por un tire y afloje constante entre los presidentes de ambos clubes. Sin embargo, la postura del equipo santafesino fue inamovible: diez millones de dólares limpios o nada, lo que provocó que el talentoso atacante se quedara en el "Sabalero" antes de su eventual partida a la MLS.
Si retrocedemos al verano de 2017, la gran disputa entre los dos gigantes de Argentina tuvo nombre y apellido: Walter Montoya. El volante de Rosario Central era el jugador más codiciado del país y parecía que su destino estaba sellado en el Monumental tras varias ofertas formales. No obstante, el Sevilla de España apareció a último momento para llevarse al jugador, quien nunca logró asentarse en Europa y hoy, en este 2026, busca relanzar su carrera en la Segunda División con Gimnasia y Tiro de Salta tras un paso accidentado por varios clubes.
Mucho antes de las billeteras abultadas de la era moderna, el verano de 2007 regaló una de las frustraciones más recordadas por el mundo riverplatense con Ezequiel Lavezzi. Tras la venta de Gonzalo Higuaín al Real Madrid, el "Pocho" era el reemplazante natural e incluso llegó a declarar públicamente que era un jugador para River y que su pase estaba cerrado. Sorpresivamente, la dirigencia de San Lorenzo decidió retenerlo, el jugador salió campeón con el "Ciclón" a los pocos meses y el millonario debió conformarse con la llegada de Mauro Rosales desde el fútbol holandés.

Estas transferencias frustradas no solo representan una oportunidad perdida desde lo deportivo, sino que también exponen las dificultades estructurales que enfrenta el fútbol argentino para competir con mercados extranjeros. En cada uno de estos casos, la diferencia entre el éxito y el fracaso de la gestión radicó en detalles mínimos que cambiaron el rumbo de la historia para el club y para los propios protagonistas. La nostalgia de lo que pudo ser alimenta el folclore de un club que, a pesar de los nombres que no llegaron, siempre se mantuvo en la búsqueda de la excelencia.
Hoy, mientras el hincha repasa estos nombres que hoy valen fortunas o que transitan el ocaso de sus carreras, queda claro que el mercado de pases es un terreno hostil donde la billetera suele ganarle a la intención. Luis Díaz triunfando en Anfield o Lavezzi habiendo sido finalista del mundo son recordatorios constantes de que, en el fútbol como en la vida, el tren de River pasa una sola vez.