Axel Kicillof redefinió su estrategia de construcción nacional durante la primera cumbre política del verano en Villa Gesell. El movimiento marca el inicio de una fase de apertura sin precedentes en su gestión presidencial.
En el Golf Club de Villa Gesell, el mandatario fijó el rumbo ante intendentes y aliados directos. La intención es recuperar vínculos con sectores que el kirchnerismo desplazó mientras fue hegemónico.
Esto explica por qué su equipo ya mira con atención hacia Córdoba y Río Negro. En términos de poder, la meta es evitar que su instalación como candidato presidencial quede atrapada en el AMBA.

Nombres como los de Martín Llaryora y Alberto Weretilneck son piezas fundamentales en este esquema de "nacionalización". El gobernador sabe que expandirse requiere seducir a mandatarios que hoy son refractarios al Instituto Patria.
La decisión de sumar al peronismo "no K" marca el punto de giro definitivo en su relación con la ex presidenta. Según se pudo reconstruir, este plan estratégico demanda incluso habilitar nuevamente las PASO para integrar a los nuevos aliados.

Puertas adentro, Kicillof busca proteger su principal aparato de sustentación política: los jefes comunales bonaerenses. Por eso ordenó a su tropa exponer las posiciones de todos los sectores sobre las reelecciones indefinidas.
Con este gesto, el gobernador intenta incomodar al camporismo en una discusión legislativa que será determinante para el 2027. La estrategia es clara: consolidar el mando provincial mientras se construye una alternativa federal viable.
En las próximas semanas, el avance de las paritarias con estatales y docentes pondrá a prueba la "pax sindical" necesaria para sostener este despliegue nacional.
TM