Martín Llaryora puso en marcha un operativo financiero de emergencia para oxigenar las cuentas públicas cordobesas en un escenario económico más complejo de lo previsto.
La decisión del Panal de salir al mercado en enero responde a una "ventana de oportunidad" financiera. Sin embargo, la celeridad del movimiento oculta una preocupación mayor por la caída de la recaudación propia.
Esto explica por qué la gestión cordobesa decidió no esperar a abril para emitir. En términos de poder, la habilitación de deuda es la única moneda de cambio que hoy ofrece la Casa Rosada frente a la falta de aportes directos.

A principios de año, Córdoba lanzó una fuerte reducción de impuestos que el gobierno estimó en unos USD 600 millones. El plan original era que esa baja se compensara con una reactivación de la economía real que, hasta ahora, no se materializa en las planillas oficiales.
La nueva deuda que busca la Provincia equivale casi exactamente a los recursos que el Tesoro dejó de percibir por la baja impositiva de enero. En el equipo económico admiten que el optimismo inicial sobre la recuperación económica está entrando en una fase de revisión.
La sintonía entre Córdoba y el Ministerio de Economía nacional permitió que la autorización para endeudarse llegara en tiempo récord. Sin envíos de ATN ni soluciones para el déficit de la Caja de Jubilaciones, Llaryora utiliza el crédito externo como principal pulmón financiero.
Si la operación de este jueves resulta exitosa, la Provincia podrá refinanciar vencimientos y despejar su horizonte de pagos hasta agosto de 2027. La nueva deuda será de libre disponibilidad para asistir el gasto corriente si la economía no reacciona en el corto plazo.
En las próximas semanas, el foco se trasladará a la relación con los gremios estatales, quienes ya iniciaron protestas contra la reforma previsional, tensionando aún más el clima social mientras Llaryora espera el auxilio de Wall Street.
TM